1 jun. 2011

El “naturalismo religioso” es una heterodoxia

La web Tendencias 21 ha publicado un extenso artículo prolongando el debate sobre naturalismo y religión iniciado en este mismo blog en abril de este año. El artículo figura en la sección "Tendencias de las religiones" mantenida por la cátedra sobre ciencia, tecnología y religión de la universidad de Comillas, una institución asociada a su vez a la fundación John Templeton, como es sabido, principal fuente mundial de financiación para el acomodacionismo de la ciencia, la religión y la "espiritualidad".

En esta réplica voy a ceñirme a contestar los tres argumentos del artículo que me han parecido más controvertidos.

1. La tesis del conflicto (entre ciencia y religión) supone "un concepto reduccionista y cerrado" que imposibilita el "diálogo"

La tesis del conflicto, como normalmente se la conoce, es una hipótesis sobre las relaciones históricas entre la ciencia y la religión. No es a priori más “reduccionista” ni más “cerrada”, en el sentido de que sea más estrecha de miras o algo semejante, que las tesis acomodacionistas opuestas.

"Tender puentes" entre la ciencia y la religión, o propiciar el diálogo de las “culturas ateas” y las “culturas religiosas” son objetivos diplomáticos, es decir, extracientíficos. Y yo no creo que las discusiones racionales rigurosas estén principalmente orientadas a acercar posturas, por ejemplo, “posturas ateas” y “posturas creyentes”; creo que están (o deberían) orientadas a comprender la verdad de las cosas.

Naturalmente no pretendo restar importancia con esto a la aproximación "diplomática". Como ateo encuentro preferible que la "hipótesis ateísta" sea tratada como un argumento "socialmente" razonable por los teólogos, y no, por ejemplo, como una mera "necedad" (salmo 53) o como una terrible herejía. Este es un signo de pacificación y civilización de la teología tradicional, un signo de benéfica secularización.

2. Las filosofías naturalistas no son incompatibles con la "espiritualidad"

Es cierto que las filosofías naturalistas no rechazan las experiencias llamadas "espirituales" (otro concepto extremadamente vago, casi tanto como el de "religión") y que muchos filósofos naturalistas (al igual que muchos científicos, como revela el estudio de Ecklund) toleran o practican alguna forma de "espiritualidad" o de pensamiento espiritual. Lo que todos los filósofos naturalistas "espirituales" -y la mayoría de los científicos- rechazan es la metafísica religiosa que normalmente justifican este tipo de experiencias. Distinguidos naturalistas como Andre Comte-Sponville o Sam Harris han explicado esto mismo en varias ocasiones, y Carl Sagan -uno de los grandes divulgadores del racionalismo moderno- ya había adelantado el problema al escribir esto al inicio de The varieties of the scientific experience:

Con mucha diferencia, la mejor manera que conozco para conectar con la sensibilidad religiosa, el sentido del asombro, es mirar hacia arriba en una noche clara.

3.  El concepto de "naturalismo" es lo bastante flexible como para acomodarse con el concepto de "religión" o "espiritualidad"

Es cierto que el concepto filosófico de naturalismo tiene una historia intelectual compleja, pero nunca lo bastante flexible como para encajar en el discurso de las religiones positivas. Tanto la ortodoxia religiosa como la religiosidad popular son flagrantemente no naturalistas.

Todas las grandes tradiciones religiosas, orientales y occidentales, de hecho intentaron suprimir históricamente las posturas naturalistas y desplazaron a sus seguidores como heterodoxos. La antiquísima escuela naturalista india Lokāyata-Cārvāka fue reprimida por la corriente principal de la ortodoxia hindú hasta el punto de que prácticamente hemos perdido los textos originales. Las tempranas influencias naturalistas o protonaturalistas en el budismo cedieron pronto el paso al antinaturalismo de la ortodoxia Mahāyāna. En el Islam, prácticamente no quedaron "librepensadores" cercanos al naturalismo después del siglo X. En la tradición judía, las ideas naturalistas fueron algo mejor acomodadas con el paso del tiempo, aunque la teología naturalista a la manera de Mordecai Kaplan sigue siendo una posición intelectual minoritaria. La tradición católica también continúa siendo drásticamente no naturalista, y no debe escaparse que el naturalismo como tal fue condenado por Pio IX como “uno de los principales errores de nuestro tiempo”. El naturalismo era para este papa no sólo una errada filosofía, sino un problema de orden público:

Pues sabéis muy bien, Venerables Hermanos, se hallan no pocos que aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio que llaman del naturalismo, se atreven a enseñar «que el mejor orden de la sociedad pública, y el progreso civil exigen absolutamente, que la sociedad humana se constituya y gobierne sin relación alguna a la Religión, como si ella no existiesen o al menos sin hacer alguna diferencia entre la Religión verdadera y las falsas.»

En resumidas cuentas, será verdad que es posible ser "naturalista" y "espiritual" o incluso "religioso", como explica de forma más extensa el artículo de Leandro Sequeiros. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que sea posible ser naturalista, en cualquiera de los sentidos comúnmente aceptados por la comunidad filosófica, y simultáneamente ser católico, budista, judío, musulmán o hindú. La pregunta básica, por tanto, no es tanto si es posible un "naturalismo religioso", sino en qué sentido.