1 abr. 2011

Sobre el subdesarrollo del ateísmo y del laicismo en España

El ateísmo y el secularismo progresan básicamente bajo tres condiciones que están relacionadas entre sí. La primera es la democracia (los países con mayor interés en la democracia son los menos religiosos) y un sistema de "bienestar" económico que alivie la inseguridad personal. La segunda es la libertad de expresión que permite confrontar los argumentos irreligiosos en un territorio neutral y sin coacciones. La tercera es la expansión de la cultura científica, que favorece sistemáticamente la disminución de la religiosidad (los científicos y los filósofos suelen ser mayoritariamente ateos o agnósticos). 

Ninguna de estas condiciones incluye la "quema de iglesias" o persecución religiosa de ninguna clase, aunque esto es justamente lo que sigue pensando el lumpen del ateísmo español. Yo no puedo evitar volver a recordar estas palabras de Puente Ojea: "Los ateos españoles, con no ir a misa, meterse con los curas cuando podían darle palos y tal y cual y hacer ademanes de rebelión, creían que habían dejado ya la creencia para siempre, cuando ni la examinaron ni la conocían bien."

En el marco de la confrontación con el laicismo, tan vivo en los últimos tiempos, es del máximo interés potenciar la identificación de los ateos y laicistas con este tipo de grupos, pese a su evidente carácter marginal, vecinal y folklórico. Pero de esto no tienen la culpa los arzobispos, en realidad, sino los mismos ateos españoles, que en más de tres décadas de democracia no hemos sido capaces de formar una asociación secularista verdaderamente seria, con recursos y de carácter nacional.