6 abr. 2011

El premio Templeton 2011 es para un anglicano descreído

La fundación John Templeton concede anualmente su premio a "una persona viva que haya hecho una contribución excepcional a la afirmación de la dimensión espiritual de la vida". El de este año está dotado con 1 millón de libras (1.62 millones de dólares americanos) y será recibido por Martin Rees, astrofísico británico, además de barón ("Lord Rees") y ex presidente de la Royal Society, cuyas "profundas investigaciones sobre el cosmos han estimulado cuestiones vitales que hablan a la humanidad sobre sus más altas esperanzas y sus peores miedos".

Como recuerdan en Nature News, los criterios del premio han evolucionado desde las personalidades francamente místicas y devotas de "Madre" Teresa, el reverendo Billy Graham o Aleksandr Solzhenitsyn, a los perfiles mucho más académicos del físico Paul Davies o el biólogo Francisco J. Ayala, premiado el año pasado. Este cambio de tendencia indica, claramente, la intención de presentar públicamente la idea de que la "ciencia", y los científicos en particular, al menos no son hostiles a la religión. Pero las exigencias confesionales de la fundación Templeton no parecen muy grandes. El propio Martin Rees es un anglicano típicamente descreído que afirma no tener creencias religiosas y, sólo de vez en cuando, acude a los servicios religiosos de la iglesia de Inglaterra.

La fundación John Templeton está empeñada en difundir el mensaje público de que la ciencia no hace a la gente, necesariamente, menos religiosa o "espiritual". Idéntico objetivo al que reflejaba uno de los trabajos financiados por la misma fundación, el libro de Elaine Ecklund Science vs. Relgion: What Scientists Really Think, desesperadamente orientado a mostrar que los científicos norteamericanos (aunque la muestra de Ecklund no incluye matemáticos, ni filósofos, particularmente inclinados hacia la increencia) no son tan ateos como se piensa. La realidad, sin embargo, es mucho más hostil a la conciliación. La idea de que los científicos son mucho más descreídos que el resto de la población de hecho está abrumadoramente confirmada por este mismo trabajo: el 34% se declara ateo y hasta el 64% ateo o agnóstico ("No sé si existe un Dios ni si existe un modo de averiguarlo"). Por otra parte, la muestra de Ecklund incluye "universidades de élite" pero no "científicos de élite", y cuando nos fijamos en estos últimos el porcentaje de increencia aún es mucho mayor (72% de ateos, 21% de agnósticos).