28 nov. 2010

La religión promueve el castigo de los malhechores, pero ¿es eso bueno?

“Castigo costoso” es el término empleado para describir un fenómeno interesante en el que las personas castigarán a los malhechores incluso si supone un costo para ellas. Por ejemplo, podemos imaginar una situación donde un vigilante intenta dar una paliza a un criminal peligroso. Es una reacción comprensible si piensas volver a tratar con el mismo individuo.

Sin embargo, estudios de laboratorio muestran que las personas castigarán la mala conducta incluso si todas las transacciones son anónimas y de “un solo tiro”. Generalmente se considera que esto es bueno, porque la sociedad se beneficia (incluso si no lo hace el individuo). El misterio es por qué debe persistir esta clase de conducta.

Cuando se prueba en el laboratorio, la situación típica discurre más o menos así. La persona A recibe un dinero, que puede compartir con la persona B de forma justa o injusta (quedándose con la mayor parte). Entonces la persona B escoge la opción de gastar algo de su dinero para “castigar” a la persona A (quitándole una parte o todo su dinero).

Ryan McKay, en la universidad de Londres, junto con sus colegas de la universidad de Zurich, decidieron ver cómo afecta la religión a este tipo de castigo costoso.

Lo probaron con un grupo de 300 estudiantes suizos (30% protestantes, 28% católicos, 42% sin afiliación). Todos tomaron parte en la primera ronda (asignación del dinero) y en la segunda ronda (opción de castigar a la persona con la que jugaban). Pero, antes de la segunda ronda, fueron expuestos subliminalmente a 4 conjuntos de palabras:


  • Religión (divino, sagrado, pio, religioso);
  • Castigo (venganza, castigo, penalización, retribución);
  • Castigo religioso (cebos: divino, venganza, pio, castigo); y
  • Control (noreste, acústico, tractor y cartón).


En genereral las palabras no causaron ningún efecto en la cantidad de castigo. Los religiosos no estaban más dispuestos a castigar que los no religiosos, y los cebos religiosos no tuvieron ningún efecto ni en los religiosos ni en los no religiosos.

Sin embargo, las palabras religiosas sí afectaron a un grupo. Aquellas personas que habían donado dinero a una organización religiosa en el pasado año resultaron significativamente más inclinadas a castigar después de ser expuestas a las palabras religiosas.

Es un resultado interesante, porque estudios previos habían hallado que las palabras religiosas afectaban a todos (religiosos y no religiosos) y anteriores ingestigadores habían sugerido que las palabras religiosas funcionan de modo que la gente se siente observada por un observador sobrenatural (y por eso se comportan mejor).

Lo que piensa McKay, sin embargo, es que estas palabras están activando el condicionamiento social entre los religiosos “comprometidos”. Cuando las personas acuden a servicios religiosos, son impregnadas por los ideales del castigo costoso (es decir, sacrificio por el bien del grupo).

McKay hace incluso una afirmación más amplia: que esto es una evidencia de que las “religiones” se desarrollaron como una manera de incrementar la supervivencia de aquellas personas y grupos adheridos a ellas. La esencia de este argumento es que las religiones son construcciones culturales que emplean los errores inherentes a nuestro pensamiento (por ejemplo, ver cosas que no están ahí) para promover y reforzar las conductas beneficiosas.

Podría ser cierto. Pero en realidad este estudio no apoya esa afirmación.

El problema está en el supuesto de que castigo costoso es algo bueno (para el grupo, no para el individuo). Recientes investigaciones sugieren que esto no es realmente cierto. Parece que el castigo costoso es realmente una mala estrategia para los individuos, y también una mala estrategia para el grupo como un todo (la mejor estrategia para todos los implicados en realidad es poner la otra mejilla).

Desde esta perspectiva, el castigo costoso no promueve la cooperación (puesto que instaura ciclos de venganza). Resulta que el castigo anti-social (esto es, venganza contra personas que participan en el “castigo costoso”) parece ser el menor de todos en las sociedades occidentalizadas y seculares. El castigo anti-social es la cara negativa del castigo costoso, y es la razón por la que el castigo costoso de hecho no funciona demasiado bien.

¿Podría ser que la religión refuerce un comportmaiento que en realidad reduce la adaptación del grupo?

Publicado por Tom Rees en el blog Epiphenom: Religion promotes punishing wrongdoers - but is that a good thing?


McKay R, Efferson C, Whitehouse H, & Fehr E (2010). Wrath of God: religious primes and punishment. Proceedings. Biological sciences / The Royal Society PMID: 21106588