15 oct. 2010

Recolectores, granjeros y consumidores

El blog Overcoming bias ha dedicado una serie de posts para describir "dos tipos de gente" que, a grandes rasgos, coincidirían con la izquierda y la derecha en las modernas "guerras culturales". La gente del "tipo A" tienen -según esta descripción- una dieta variada, hacen ejercicio, viajan, son sexualmente más desinhibidos, son más tolerantes con los homosexuales, tienen menos hijos, menos disciplina y son políticamente más igualitarios. La gente del "tipo B" creen en dioses más poderosos, aceptan mejor la autoridad, temen más a las gentes de otras etnias, y les molesta menos la violencia y la guerra. Hanson cree que estos tipos son equiparables con los recolectores y los granjeros.

Mi impresión personal es que aquí realmente falta la gente del "tipo C". La gente de las sociedades modernas, "comerciantes y consumidores" que, tras el éxito de la "doble revolución" del siglo XIX, han conseguido romper el "techo malthusiano" y que, después de un esfuerzo de siglos en el que sus condiciones de existencia apenas destacaban frente a la gente "de tipo A" y "de tipo B" -si el análisis de Gregory Clark es acertado- han llegado incluso a cuestionar la extraña ética del trabajo y el universo de los valores mal llamados "tradicionales".

Desde este último tipo tiene más sentido el dilema que plantean en GNXP: "En nuestra era moderna el conflicto entre los valores "tradicionales" y "occidentales" es en algún grado un conflicto entre valores "tradicionales" y "más tradicionales". Según esto, el ethos individual del occidente liberal reflejaría una reacción contra el sistema de normas sociales típicos de las sociedades de gran escala como la nuestra.

Por último es interesante ver en qué medida estos análisis se diferencian, pero en cierto modo recuperan, el materialismo histórico clásico que reconocía en los modos de producción un factor causal decisivo del cambio social. Desde luego, el materialismo moderno es menos determinista principalmente porque admite la coevolución de los genes y la cultura. Kahn pone el ejemplo del amor romántico, que las normas culturales más duras apenas logran sofocar, pero también podríamos pensar en las nuevas religiosidades (como el druidismo, culto recientemente tolerado en Gran Bretaña) que reaccionan contra cultos típicamente agrarios e "imperiales" (como el cristianismo) y en muchos otros aparentes vestigios de nuestras mentalidades profundas visibles en actitudes hacia la economía, la política o las relaciones sociales.