27 oct. 2010

Historia del materialismo

No tan conocido como John William Draper o Andrew Dickson White, la obra de Frederich Albert Lange (1828-1875) es quizás más interesante y enuncia desde sus primeras páginas la llamada "tesis del conflicto":

Desde el instante en que el pensamiento comienza a proceder con lógica, se entabla la lucha con las doctrinas tradicionales de la religión; esta última tiene sus raíces en las concepciones esenciales más antiguas, más toscas y más contradictorias, que la ignorante muchedumbre no cesa de reproducir con fuerza irresistible.
(...) Es un error no reconocer la existencia y aun la intensidad de tales conflictos en la antigua Grecia; pero es fácil determinar cómo ha nacido este error. Si en un lejano porvenir nuestros descendientes no pudieran juzgar la actual civilización más que por los fragmentos de la obra mutilada de un Goethe ó de un Schélling de un Herder ó de un Lessing, apenas si sospecharían los abismos profundos y los violentos disentimientos que separan entre nosotros á los diferentes partidos. Es propio de los grandes hombres de todos los tiempos conciliar en ellos mismos las tendencias contrarias de su época, así se nos aparecen en la antigüedad Platón y Sófocles; cuánto más eminente es un escritor, menos muestra en sus obras las huellas de las luchas que apasionaron á las multitudes de.su tiempo, y en cuyas luchas, sin embargo, él ha debido también tomar parte. La mitología, que se presenta en las formas rientes y ligeras que la dieron los poetas griegos y latinos, no era la religión den la clases populares ni de las clases ilustradas, sino un terreno neutral donde unos y otros podían encontrarse y entenderse. La multitud creía mucho menos en el conjunto de las divinidades del Olimpo, tal como le habían poblado los poetas, que en la divinidad especial de la ciudad ó la comarca, cuya imagen era reverenciada en el templo como singularmente santa; no eran las hermosas estatuas de los artistas célebres las que cautivaban á la multitud devota, sino las imágenes antiguas y venerables groseramente talladas, pero santificadas por la tradición. También existía entre los griegos una ortodoxia rígida y fanática que se apoyaba tanto en los intereses de una orgullosa casta sacerdotal como en la fe de las muchedumbres ávidas de los favores divinos; todo esto se habría quizá olvidado en absoluto si á Sócrates no le hubieran condenado á beber la cicuta; Aristóteles mismo huyó de Atenas para evitar que la ciudad cometiera un segundo crimen contra la filosofía; Protágoras se vio precisado á desterrarse y su escrito acerca de los dioses fué quemado por orden de los magistrados; Anaxágoras, preso, debió su salvación á la fuga; Teodoro el ateo y verosímilmente también Diógenes de Apolonia, fueron perseguidos por negar la existencia de los dioses... ¡y esto ocurría en Atenas, en el pueblo más humano de la Grecia!
(...) En Grecia se trató, antes que nada, de disipar las nubes de lo maravilloso y de libertar el estudio del universo del caos mitológico de las ideas religiosas y políticas, á la vez que penetrar en el terreno de la razón y la observación severas; esto no podía realizarse más que con el auxilio del método materialista.

Edición digital de Historia del materialismo.