10 sept. 2010

Freud tenía razón: Nos atraen sexualmente los parientes

Gracias al impulso de la psicología evolucionista, en los últimos años hemos visto una reivindicación muy activa de las tesis mantenidas por el sociólogo finés Edward Westermarck (1862-1939), quien en su voluminoso trabajo sobre el matrimonio humano postuló la existencia de mecanismos naturales para evitar la atracción sexual hacia los parientes. En sentido contrario, Sigmund Freud sostuvo después que las personas realmente sentían una atracción sexual hacia sus parientes que sólo el tabú social podía prevenir.

Contra los supuestos culturales de Freud, Lieberman, Tooby y Cosmides (2007) propusieron que deben existir mecnismos para la detección de parentesco en los seres humanos estimulados fundamentalmente por la corresidencia de hermanos. Esta hipótesis se basaba en evidencias procedentes de 1) Estudios sobre la evitación del incesto en animales, 2) El hallazgo de que los niños que crecen juntos tienen menos probabilidades de casarse entre sí y 3) La prevalencia de la evitación del incesto en prácticamente todas las culturas humanas.

Aunque el marco "neo-Westermarckiano" en apariencia es compatible con estos hallazgos, otras evidencias son difíciles de explicar. Significativamente, este marco se resiste a explicar el hecho de que las personas tienden a elegir parejas a las que se parecen físicamente, un fenómeno conocido como "homogamia" que ha llevado a sugerir la presencia en humanos de un "imprinting" sexual ya documentado en otras especies. La psicología social también ha documentado que algunos de los predictores más importantes de atracción sexual coinciden juntamente con aquellos rasgos que las perspectivas neo-Westmarckianas consideraban que inhibían el deseo: familiaridad, proximidad y una historia de experiencias comunes.

Dos psicólogos sociales, Chris Fraley y Michael J. Marks (2010) (comentado también en Research Digest Blog) han puesto a prueba la hipótesis neo-Westmarckaiana con dos fascinantes experimentos que son difícilmente compatibles con la sugerencia de un "mecanismo" natural diseñado para evitar el incesto:

En este artículo argumentamos que el debate intelectual entre Freud y Westermarck probablemente ha sido resuelto de forma prematura. Específicamente, presentamos datos que sugieren que la activación no consciente de representaciones mentales acerca de parientes conduce al incremento del deseo sexual hacia otros (Experimento 1) y que las personas encuentran más atractivas las imágenes faciales cuando sus propios genes han sido sutilmente introducidos en tales imágenes sin que sean conscientes de ello (Experimento 2). Sin embargo, cuando la gente es consciente de la semejanza genética potencial entre ellos y las caras que están evaluando (esto es, cuando son activados los tabúes del incesto), entonces encuentran menos atractivas esas caras (Experimento 3). Estos datos sugieren que podría haber alguna legitimidad en la controvertida afirmación de Freud acerca de que el tabú del incesto existe porque hay una propensión no consciente hacia aquellas personas que parecen parientes atractivos.

Al distinguir entre el plano consciente y no consciente de la atracción, la perspectiva "evolucionista y psicodinámica" de Fraley y Marks permitiría arrojar luz sobre el mito de Edipo Rey: "una razón por la que Edipo deseaba casarse (y eventualmente lo consiguió) con su madre es porque estaba emparentado con ella. Su deseo fue posible, sin embargo, solo porque no era consciente de su verdadera relación con ella".


ResearchBlogging.org Fraley RC, & Marks MJ (2010). Westermarck, Freud, and the incest taboo: does familial resemblance activate sexual attraction? Personality and social psychology bulletin, 36 (9), 1202-12 PMID: 20647594

Lieberman D, Tooby J, & Cosmides L (2007). The architecture of human kin detection. Nature, 445 (7129), 727-31 PMID: 17301784