1 sept. 2010

¿Es la religión una ilusión moralmente adaptativa?

Jesse Bering es el director del Institute for Cognition and Culture de la universidad de Belfast, en Irlanda del Norte y autor del libro, de próxima aparición: The belief instinct. The psychology of faith, destiny and the meaning of life (Paidós ha adquirido los derechos para la edición española).

Parece que una experiencia personal de tipo junguiana y "espiritual" (para la que de hecho existen explicaciones naturales más prosaicas, pero también más plausibles) inclinó a Bering a estudiar las bases naturales de la cognición religiosa:

La madre de Jesse Bering murió de cáncer un domingo, en su propia cama, a las 9 de la noche. Bering y sus hermanos cerraron la puerta y bajaron las escaleras, con la esperanza de dormir un poco.
Fue una noche larga y dura, pero alrededor de las 7 de la mañana ocurrió algo: Las campanillas que estaban en la ventana de su madre comenzaron a tintinear. 
"Me pareció que de algún modo nos estaba diciendo que tenía que pasar al otro lado. Algo parecido al despacho de aduanas del cielo", dijo Bering.

A Bering le interesa desde entonces estudiar de qué modo las creencias religiosas pudieran haber proporcionado ventajas adaptativas "darwinianas" a nuestra especie.

Uno de sus experimentos mostró, por ejemplo, que el grupo de niños a los que se decía que estaban siendo vigilados por una princesa invisible engañaban menos que aquellos que no estaban siendo vigilados, y lo mismo que aquellos que estaban siendo vigilados por una persona "real". Se han observado resultados aparentemente similares en grupos de adultos, en apoyo de la "teoría del castigo sobrenatural".

Johnson y Bering [PDF] concluyen que "la evolución de la cooperación podría haber estado más influenciada de lo que se cree habitualmente por la mano de Dios trabajando en la mente del cerebro". Si bien, ambos también matizan que:

Claramente, la cooperación en el mundo moderno no puede explicarse solamente mediante una teoría religiosa, dado que la cooperación prevalece tanto entre ateos como entre creyentes. Muchos casos de cooperación social de hoy no constituyen ningún problema, porque los gobiernos y otras organizaciones imponen fuertes contratos sociales para cooperar (y castigos a quienes los incumplen). Sin embargo, muchas de esas modernas tradiciones, y sus fundamentos morales, su ética y sus normas, están de hecho profundamente enraizados en tradiciones locales religiosas.

Incluso en el marco restrictivo de Bering, más bien inclinado a sobrevalorar la influencia religiosa en las costumbres seculares, la teoría del castigo sobrenatural no es suficiente. No es suficiente para examinar el presente, ni mucho menos para hacer prospecciones tajantes sobre el futuro de la especie. Pudiera ser el caso que las raíces evolutivas de la cooperación infantil y antigua descansaran en el hecho de ser vigilado por agentes sobrenaturales, pero el perfeccionamiento y el progreso moral (tanto a nivel social como individual) tiene lugar precisamente cuando las personas alcanzan la madurez de su razón, librándose progresivamente de la supervisión adulta (Piaget), de la vigilancia de la cultura local (Helwig) y, por qué no reconocerlo, también de la supervisión sobrenatural, tal como explicaba Kant, probablemente el filósofo ético más influyente.

Existe además un nombre para este proceso: Autonomía, un rasgo que ni siquiera es patrimonio de una cultura o la exclusiva de occidente.



ResearchBlogging.org Helwig, C., Arnold, M.L., Tan, D., &; Boyd, D. (2007). Mainland Chinese and Canadian Adolescents' Judgments and Reasoning about the Fairness of Democratic and Other Forms of Government Cognitive Development, 22 (1), 96-109

Bering, J., &; Johnson, D. (2006). Hand of God, Mind of Man: Punishment and Cognition in the Evolution of Cooperation Evolutionary Psychology, 4, 219-233