25 jul. 2010

La ciencia natural de la moral

La fundación Edge ha organizado este verano el seminario The new science of morality en el que han participado Roy Baumeister, Paul Bloom, Joshua D. Greene, Jonathan Haidt, Sam Harris, Marc D. Hauser, Josua Knobe, Elizabeth Phelps y David Pizarro (todas las ponencias se pueden ver en la web). Este conjunto es una muestra muy representativa de la psicología y la filosofía moral contemporánea, y según el mismo resumen de la fundación, sus resultados podrían estar convergiendo en un agenda común sobre el estudio científico de la naturaleza humana. Como indica Jonathan Haidt, la ciencia natural de la moral vive de hecho una "edad de oro" después de que Trivers y Wilson anunciaran en los años setenta una "Nueva síntesis" entre el pensamiento biológico y los temas morales. Naturalmente este "paradigma" tiene consecuencias más amplias de las que involucran a una pequeña élite académica. Por de pronto, consecuencias pedagógicas. Hoy por hoy, enseñar a la ciudadanía "ética" o "moral" sin teoría de la evolución, primatología o teoría de juegos, es una estafa.

Aunque la ciencia natural de la moral es una empresa escrupulosamente empírica y descriptiva, que en principio no ofrece "mandamientos" a seguir, ni una doctrina universal, es difícil imaginar que pueda dejar intacto el campo mismo de la acción moral, en particular cuando el método de las ciencias positivas contrasta tan fuertemente con el enfoque "tradicional" basado en el dogma, la fe y la autoridad. Sam Harris, como siempre el más atrevido, propone un proyecto de ciencia moral basado en la "persuasión"que va mucho más alla del afán descriptivo. Su objetivo sería limar los prejuicios culturales y cognitivos arraigados en las culturas y en la naturaleza humana que impiden la maximización del "bienestar humano". Respondiendo a la famosa pregunta de Adorno y Horkheimer: pensar es posible después de Auschwitz, pero es imprescindible recuperar el prestigio de la ciencia positiva y la tradición empirista de la integridad intelectual, lo que por cierto exige un cambio de actitud bastante drástico en los filósofos y científicos sociales de este momento. Harris:

En 1947, cuando las Naciones Unidas estaban intentando formular una declaración universal sobre los derechos humanos, la Asociación Antropológica Americana dio un paso al frente para decir que no se podía hacer. Esto sería simplemente endilgar una noción provincial de los derechos humanos al resto de la humanidad. Cualquier noción de derechos humanos es el producto de la cultura, y declarar universal una concepción de los derechos humanos es algo intelectualmente ilegítimo. Esto era lo que nuestras mejores ciencias sociales pudieron hacer con el crematorio de Auschwitz aún humeando.

Sam Harris publicará en octubre su último libro: Moral landscape: How science can determine human values.