10 may. 2010

¿Era Jesucristo un Homo Erectus?

Al parecer el Papa apoya ahora la idea (un disparate más a sumar a la larga lista de su pontificado) de que la síndone realmente representa una documento fotográfico de "el misterio más oscuro de la fe", el cuerpo de Jesucristo muerto y resucitado.

Desafortunadamente, el Papa Benedicto lo hizo justo antes de que posteara un análisis mostrando que, aunque no lo sepan, él y otros abogados de la síndone en realidad están proponiendo que Jesús era patológicamente hipocefálico. Un embarazoso error, incluso teniendo en cuenta que durante mucho tiempo se ha entendido que la imagen del cuerpo es demasiado larga en proporción a la cabeza. Me di cuenta hace unas semanas de que, si esto es debido a que la cabeza es demasiado pequeña, entonces el tamaño del cerebro ha debido ser medido a la baja. Los resultados de los cálculos confirman que el volumen del cerebro de la imagen de la síndone estarían bastante por debajo de las normas humanas, en el rango del antiguo Homo Erectus.

Lo ha explicado Gregory Paul.

No deja de ser verdaderamente estrafalario que los llamados "sindonólogos", a veces con el beneplácito de la universidad española (por no hablar de los periodistas llamados "católicos" o del "misterio" que hacen el agosto con estos temas) se embarquen en discusiones bizantinas sobre misteriosas radiaciones, o "radiacciones", como diría Iker Jiménez, cuando lo más inmediato en este caso empieza por valorar si la imagen de la sábana se corresponde con las proporciones normales de un cuerpo humano moderno. No hace falta afilar mucho la navaja de Occam para llegar a la conclusión más razonable:

Desde una perspectiva anatómica, la imagen de la síndone es un obvio y embarazoso fraude cometido por un artista que seguía las convenciones de su tiempo. Los errores artísticos son tan severos que resulta imposible que la síndone grabara la imagen de un cuerpo humano real, a no ser que se tratara de una persona con una seria patología, o con un cerebro del tamaño de un Homo erectus.

Sabiamos al menos desde Feuerbach que la teología era, en el fondo, antropología. No sospechábamos que también pudiera ser paleoantropología.



Pietà, de Giotto di Bondone (1300)