21 abr. 2010

Michael Shermer dice ahora que "creer en Dios es innato"

Después del artículo de Gregory S. Paul , Wall Street Journal ha publicado una aparente respuesta de Michael Shermer  (la versión completa del artículo está aquí). Lamentablemente, este articulo no da beligerancia alguna a la hipótesis socio-económica de Paul y se limita a conglomerar sus propias ideas (las de Shermer) ya conocidas. No se trata de nada parecido a un "debate". En su artículo Shermer parte de una evidencia histórica o etnográfica; es decir, el hecho indiscutible de que la mayoría de los seres humanos con independencia de su cultura se identifican como "creyentes" (el 92% creen en Dios o un "espíritu universal", el 74% en el cielo, el 59% en el infierno, el 79% creen en milagros, etcétera), pero continúa buscando una justificación aparentemente científico-natural, lejos de las ciencias humanas tradicionales. La creencia en Dios, de acuerdo con esto, no dependería del desarrollo histórico, o de la situación socio-económica, sino de la "naturaleza humana" desvelada por la genética del comportamiento, la ciencia cognitiva o la neurociencia.

Desde luego, Shermer no piensa que estas ciencias de la naturaleza humana justifiquen la creencia en la doctrina de la trinidad o en la predestinación calvinista; es decir, en ninguna religión en especial. Pero, desde el título, viene a sugerir prácticamente la identidad entre el sobrenaturalismo, la religión y la creencia en Dios. Una identidad confusionista por distintas razones:

1. La hipótesis evolucionista explicada por Shermer, aunque ingeniosa, interesante y tal vez cierta, no pasa de ser una reconstrucción especulativa ("Just-so story") que no puede confundirse con una "evidencia científica".

2. Las evidencias aportadas por la genética del comportamiento, aunque bastante sólidas en sí mismas, proceden de estudios de gemelos en sociedades occidentales, lo que supone sólo una diminuta muestra a partir de la que siempre es arriesgado establecer fabulosas extrapolaciones sobre la "naturaleza humana" [PDF]. En cualquier caso, lo cierto es que no se ha identificado ningún gen o red de genes en particular que sean responsables de las creencias religiosas. El gen de Dios es algo tan fantasioso como la "particula divina" que presuntamente buscan los físicos.

3. Las ciencias cognitivas sólo avalan la "creencia en Dios" mientras la equiparemos con el aparente dualismo instintivo de los seres humanos. Incluso, el animismo es un tema controvertido para la comunidad científica, aunque lo más probable es que seamos "dualistas cartesianos" innatos en alguna medida. De forma todavía más significativa, la ciencia cognitiva de la religión baraja seriamente la hipótesis de que la cognición espiritual no sea una adaptación natural, sino un sub-producto histórico derivado de la cognición social.

4. Lo que es más importante: las hipótesis y sugerencias no probadas de Shermer tampoco sirven para explicar muy bien por qué existen "ateos", por qué no todos los seres humanos son creyentes, por qué las sociedades se hacen socialmente menos religiosas a medida que se secularizan políticamente, o por qué la intensidad de las creencias parece tan fuertemente relacionada con el éxito y el bienestar social.

Michael Shermer es un abogado del racionalismo escéptico muy conocido, aunque inclinado hacia tesis "acomodacionistas", que en esta oportunidad ha preferido eludir el debate con Gregory S. Paul. Una lástima. Si al menos hubiera titulado su artículo de forma menos monoteísta: "La creencia en dioses es innata", hubiera conseguido no parecerse tanto a un discípulo contemporáneo del Padre Schmidt (1868–1954), que también creía reconocer la creencia en el Dios único en los últimos rincones de las sociedades entonces llamadas primitivas.