14 abr. 2010

¿Es san Agustín el "padre de la inquisición"?

Lo cuenta el historiador irlandés-americano y católico Thomas Cahill, en De cómo los irlandeses salvaron la civilización occidental:

Agustín, armado de su poder civil, persigue a los donatistas y los mete en cintura dentro de las murallas católicas. Acto seguido, escribe la primera justificación católica de la persecució estatal en contra de aquellos que se hallan en error; el error no tiene derechos, no creer en la conversión forzosa, es negar el poder de Dios, y Dios debe fustigar al hijo que recibe...per molestias eruditio ("la verdadera educación comienza con el castigo físico"). Palabra en boca de quien condena los "castigos y crueles amenazas" de su salón de clase en la infancia. Agustín, el último gran hombre de la antigüeda latina, se está pasando de la raya. La doctrina que aquí enuncia tendrá su eco a través de las épocas en las más crueles infamias ejecutadas con la más alta de las justificaciones. Agustín, padre de tantas cosas, también es padre de la Inquisición.

¿Por qué se está "pasando de la raya" Agustín? Según la Catholic Encyclopedia, el primer obispo católico en defender la autoridad del estado contra los herejes es san Obtatus de Mileve, en el siglo IV a.C. cuyos argumentos están escrupolosamente fundamentados en la autoridad bíblica. Inicialmente opuesto al uso de la fuerza, Agustín de hecho cambia de opinión y justifica inequívocamente el "empleo de la fuerza pública" en su extensa Carta a los católicos sobre la secta donatista, cuando se trata de perseguir a los herejes:

Por consiguiente, reprendemos con justicia a vuestros circunceliones por sus desenfrenos y soberbias locuras, aun cuando las ejerzan contra algunos malvados, ya que no está permitido castigar ilícitamente lo ilícito o apartar ilícitamente de lo ilícito. Cuando se persigue a los inocentes sin instruir el proceso o por enemistades sumamente injustas, ¿quién no se estremece de tan criminales atracos? Más aún, nosotros no reprendemos el que hayáis pensado reprimir el furor de los maximianistas con las leyes públicas, a fin de urgirlos a la consideración de su crimen tras arrojarlos de las basílicas que tenían, mediante mandato judicial, intervención de los poderes públicos y la policía de las ciudades (...) Aún más, si los maximianistas osaran resistir ilícita y frenéticamente a los mandatos judiciales que conseguisteis contra ellos, ¿no conseguirían su propia condenación al decir el Apóstol: El insumiso a la autoridad se opone a la disposición de Dios y los que se le oponen se ganarán su sentencia. De hecho, los que mandan no son una amenaza para la buena acción, sino para la mala? 

Conviene subrayar que, si bien sobrevive un cierto componente anarquista en la "ciudad de Dios" agustiniana, según la tesis desarrollada por Gustavo Bueno en un artículo de 1989, Agustin representó más bien la posición "estatista" en la polémica contra los herejes donatistas, que rechazaban la intervención del estado en asuntos religiosos y de conciencia.

Sea cual sea la opinión de los exégetas y comentaristas católicos sobre la teología política de Agustín, una cosa está totalmente clara: la posición de este padre latino de la iglesia es inmiscible con la política democrática basada en la laicidad del estado, es decir, en el respeto por las creencias particulares mientras no contradigan a la ley común. También es cierto que la politica de tolerancia religiosa es prácticamente desconocida en Europa hasta el siglo XVIII, como recuerda Joseph Pérez en su volumen sobre la inquisición española, por lo que resultaría del todo injusto y anacrónico culpar en exclusiva al catolicismo por un régimen político que era común en todo el orbe cristiano (no digamos ya nada de la parte islámica o asiática del planeta).

Agustín discutiendo con los donatistas, de Charles André van Loo (1705–1765)(1705)(1765)