19 mar. 2010

La evolución de la sociedad abierta: no sólo "naturaleza humana"

Desde el punto de vista de la historia humana, las personas que viven en sociedades complejas, dotadas de administración central (estados), mercados bien integrados, y una legión de especialistas para las tareas más diversas, son "raros" (Henrich, 2009) [PDF]. Esta singularidad plantea la necesidad de estudiar las distintas respuestas culturales que ofrecen las personas que viven en sociedades de escala más reducida, si queremos pintar un cuadro más realista de la "naturaleza humana". De hecho, distintos trabajos revelan diferencias significativas en áreas tan distantes como la percepción visual, el razonamiento "folk" sobre la naturaleza, o la cognición espacial. Simultáneamente, los seres humanos de sociedades de pequeña y gran escala parecen converger en aspectos como la percepción de algunas ilusiones y del color,  en la expresión de algunas emociones, la teoría de la mente o la tendencia al esencialismo psicológico.

Experimentos controlados como el "juego del dictador" y el "juego del ultimatum" revelan que los occidentales somos realmente "raros": ocupamos el extremo de la distribución humana. En estas condiciones experimentales, las personas estudiadas procedentes de los EE.UU. son los que realizan ofertas más "generosas" y están más dispuestos a castigar a los aprovechados (freeriders), en abierto contraste con los habitantes de sociedades de pequeña escala (como los Hazda de Tanzania o los Tsimane de Bolivia).


Un nuevo aval empírico a este programa de investigación acaba de aparecer en Science, gracias también al trabajo de Joseph Henrich, antropólogo de British Columbia, en Vancuver. De acuerdo con Robert Boyd, de la universidad de California, los datos contradicen algunas hipótesis convencionales de la psicología evolucionista: sencillamente, la psicología del Pleistoceno no puede explicar estas diferencias significativas entre sociedades (aunque otros críticos proyectan dudas sobre la metodología: ¿Cómo entienden realmente los no occidentales esta clase de experimentos tan alejados de su vida diaria?).

En resumidas cuentas, el sentido modernamente reconocible de justicia y bondad, como también apuntan en Science, aparecería en el ser humano tarde, y en cierto antagonismo con la conducta típica de las sociedades pequeñas, surgiendo en paralelo a la formación del estado, el desarrollo de los mercados y de religiones mundiales (cristianismo, judaísmo, islam...).

Frente a la sociedad conservadora de Platón, al menos en la conocida versión de Popper, sería más bien la "sociedad abierta" elogiada por Pericles la que anuncia una sociedad generosa con los extraños:

En nuestra ciudad entra por su importancia cualquier mercancía desde cualquier punto de la tierra, y se da el caso de que los productos originados aquí no los disfrutamos como más propios que los que proceden del resto de la humanidad.

Citado por Tucídides.


ResearchBlogging.org Joseph Henrich, Jean Ensminger, Richard McElreath, Abigail Barr, Clark Barrett, Alexander Bolyanatz, Juan Camilo Cardenas, Michael Gurven, Edwins Gwako, Natalie Henrich, Carolyn Lesorogol, Frank Marlowe, David Tracer, & John Ziker (2010). Markets, Religion, Community Size, and the Evolution of Fairness and Punishment Science, 327 (5972), 1480-1484 : 10.1126/science.1182238