9 mar. 2010

Kant y la sombra de la Ilustración

Eric Schwitzgebel hace un lúcido ejercicio de metafílosofía al recordarnos algunos pasajes realmente espinosos de La metafísica de las costumbres (las citas del post están sacadas de la edición de Adela Cortina en español) de Emmanuel Kant.

Kant sobre la propiedad de los hijos:

Los hijos nunca pueden considerarse como propiedad de los padres, pero forman parte, sin embargo, de lo mío y lo tuyo de éstos (porque están en la posesión de los padres como las cosas, y pueden ser devueltos a ella desde cualquier otra posesión, aun contra su voluntad). (Pág. 282)

Kant sobre homosexualidad:

Estas transgresiones de las leyes son vicios contra la naturaleza (crimina carnis contra naturam), que se califican también como innominables; en tanto que lesión a la humanidad en nuestra propia persona, no pueden librarse de una total reprobación por restricción ni excepción alguna. (Pág. 277)

Kant sobre matar bastardos (fragmento particularmente espeluznante):

El niño venido al mundo fuera del matrimonio ha nacido fuera de la ley (que es el matrimonio), por tanto, también fuera de su protección. Se ha introducido en la comunidad de una forma, digamos, furtiva (como mercancía prohibida), de modo que ésta puede ignorar su existencia (puesto que legalmente no hubiese debido existir de este modo) y con ella también su eliminación, y ningún decreto puede borrar la deshonra de la madre si se conoce su alumbramiento fuera del matrimonio. (Pág. 336)

Kant sobre resistir a la tiranía:

"Toda autoridad viene de Dios" (...) no enuncia un fundamento histórico de la constitución civil, sino una idea como principio práctico de razón: el deber de obedecer al poder legislativo actualmente existente, sea cual fuere su origen. De aqui se sigue, pues, el principio: el soberano en el Estado tiene ante el súbdito sólo derechos y ningún deber. Además, si el órgano del soberano, el gobernante, infringiera también las leyes, por ejemplo, procediera contra la ley de igualdad en la distribución de las cargas públicas, en lo que afecta a los impuestos, reclutamientos, etc., es lícito al súbdito quejarse de esta injusticia (gravamina), pero no oponer resistencia. (Pág 319)

Kant sobre sirvientes, menores y mujeres:

El sirviente (...) el menor de edad (...) todas las mujeres y, en general, cualquiera que no puede conservar su existencia (su sustento y protección) por su propia actividad, sino que se ve forzado a ponerse a las órdenes de otros (salvo a las del Estado), carece de personalidad civil y su existencia es, por así decir, sólo de inherencia. (Pág. 314)

Otros fragmentos más sombríos y pintorescos en la misma obra de Kant, como comentarios sobre la masturbación (Pág. 425) o sobre la ilicitud ética de la donación de órganos (Pág. 177), tal como apunta Schwitzgebel, pueden ser rechazados como "odiosos" por la sensibilidad actual, y sin embargo forman parte de nuestra historia cultural y de la historia cultural de la misma Ilustración, que naturalmente no está libre de  contradicciones. La Declaración de Independencia de los EE.UU., pongamos por caso, que declara el derecho a rebelarse frente a la tiranía, no puede entenderse desde La metafísica de las costumbres. Del mismo modo, la equiparación de sirvientes, mujeres y menores de edad prácticamente con "cosas" que carecen de personalidad juridica, contrasta vivamente con la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana redactada en 1791 por Olympe de Gouges; un texto -por cierto-, más o menos olvidado o menospreciado, pero que cobra una vigencia particular después de esta relectura de Kant.