12 ene. 2010

Por qué (casi) todos somos fisicalistas

La simple idea de que cualquier cosa que pasa en nuestro mundo natural tiene una causa natural probablemente nunca aparecerá en los titulares de un periódico o de un informativo televisivo, y sin embargo tiene consecuencias más profundas, más desafiantes y quizás más peligrosas que cualquier evento histórico, social o científico comprendido por una mente humana.

David Papineau, actualmente profesor de filosofía de la ciencia en el King's College de Londres, ha explicado mejor que nadie por qué el fisicalismo no es una moda intelectual, sino la mejor filosofía disponible por lo menos en el último medio siglo. En particular este trabajo de 2005 es muy útil para defender el fisicalismo reduccionista como la opción más interesante de las disponibles, por delante del fisicalismo no reduccionista, u otras propuestas "emergentistas" en boga.

La física como ontología

Es importante entender que el fisicalismo no expresa un compromiso metodológico sino ontológico. No afirma que la realidad deba estudiarse empleando los métodos y las categorías de la física en particular, sino que "todo está físicamente constituído", o al menos todo aquello que tiene algún efecto causal en el mundo físico. Papineau reserva la posibilidad de que existan realidades "no causales", aunque es muy difícil imaginar a estas alturas cómo se podría entender el orden moral, por ejemplo, al margen de cualquier relación causal con el mundo físico.

Desde la "filosofía mecánica" de Descartes se ha discutido intensamente sobre la posibilidad de que existan fuerzas no físicas. Por ejemplo, fuerzas mentales o vitales irreducibles desde el punto de vista de la física. La tesis de la completud, o el cierre de la física, no siempre fué una idea convincente. El principio fundamental de la conservación de la energía potencial y kinética en todos los procesos físicos no se incorporó al paradigma newtoniano hasta la mitad del siglo XIX. A los primeros "newtonianos" no les parecía extravagante la idea de unas fuerzas mentales especiales, siempre y cuando fueran también deterministas. El debate no se empieza a inclinar hacia el fisicalismo básico hasta que la ciencia experimental, y en particular la tradición de Helmoltz y los filósofos naturales críticos con la Naturphilosophie, aporta nuevos argumentos empíricos que favorecen una visión unitaria de todos los procesos físicos, incluyendo la vida.

Desde entonces, el fisicalismo se apoya en dos grandes argumentos: 1) El argumento de las Fuerzas Fundamentales, según el cual "todas las fuerzas aparentemente especiales se pueden reducir de forma característica a un pequeño conjunto de fuerzas físicas fundamentales que conservan la energía" y 2) El argumento de la Fisiología (hoy diríamos, de la Neurociencia), según el cual "no existe ninguna evidencia directa a favor de las fuerzas vitales o mentales".

Qué hay de especial en las ciencias humanas

Según el fisicalismo no reduccionista los pensamientos y las instituciones son, en cierto modo, entidades físicas, pero no son un caso especial de las leyes físicas. La explicación más conocida procede de Jerry Fodor: las leyes de las ciencias humanas no serían reducibles a las ciencias físicas debido a que se realizan de forma variable en el nivel de físico. Aparentemente no existe ningún patrón físico correspondiente, pongamos por caso, a la Ley de Gresham, puesto que el dinero no requiere ningún soporte físico en particular.



Realizabilidad múltiple. Más de un P (físico) puede instanciar un M (mental), pero no vice versa.

Sin embargo, Fodor podría subestimar que los procesos psicológicos necesarios (en términos actuales, la neurociencia de la toma de decisiones) para reconocer un soporte físico como "dinero" sí podrían cumplir los requisitos reduccionistas.

Según Papineau, la corriente preocupación de que el fisicalismo reduccionista termine destruyendo las ciencias humanas es infundada. El fisicalismo no tiene por qué tener consecuencias metodológicas inmediatas. Sin embargo, un paradigma fisicalista puede ser muy útil para distinguir genuinas leyes naturales de otro tipo de regularidades interesantes surgidas de ciertos procesos de selección. Por ejemplo, la sensibilidad al dolor o el comportamiento territorial puede evolucionar en especies de forma físicamente distinta. Esta variación física determinaría justamente el carácter epistemológico más blando de las ciencias prima facie no físicas. Papineau concluye:

En la medida en que las categorías humanas se realicen físicamente de modo uniforme, funcionarán como tipos científicos de pleno sentido. Existirá un amplio campo de verdades generales proyectables sobre varias facetas del dolor humano, de la visión humana y del aprendizaje humano. Más aún, en la medida en que temas como la economía o la sociología formulen generalizaciones que dependen sólo de la estructura básica del razonamiento humano, más que en estados de aprendizaje realizados de modo variable, podemos esperar que traten también con complejos de generalizaciones interrelacionadas. Es plausible que muchos de los principios de la economía, de la ciencia política o de la teoría de la elección social cumplan estos requisitos.



ResearchBlogging.org David Papineau (2001). The rise of physicalism Physicalism and Its Discontents, 3-36 : 10.1017/CBO9780511570797.002