20 ene. 2010

El desastre de Haiti y la ayuda secular

Ayudar a semejantes en riesgo no necesita ser ligado a nada sobrenatural. Ontogenéticamente, tendencias altruístas arraigan ya en niños de unos pocos meses con independencia de su cultura o educación (Warneken y Tomasello, 2009) (PDF), y filogenéticamente la generosidad no evolucionó de novo en el homo sapiens, dado que nuestros parientes evolutivos más próximos ya muestran indicios significativos de ayuda mutua y cooperación (Silk, 2005) (PDF). Los niños humanos son capaces de proporcionar ayuda instrumental incluso cuando tienen que enfrentarse con dificultades en el proceso, y esto con independencia de la recompensa (significativamente, incentivar el altruismo infantil puede tener efectos perjudiciales). Los chimpancés, por su parte, están dispuestos a ayudar a sus semejantes siempre que su capacidad cognitiva les permita interpretar correctamente la situación y en particular cuando la comida no está de por medio. Según Warneken y Tomasello, puede que simplemente los chimpancés no estén preparados para compartir comida debido a restricciones ecológicas de la conducta.

La reacción ante el desastre de Haiti es una prueba del altruísmo natural, reforzado por la mentalidad secular que no se basa en el auxilio telepático sino en el soporte a la vida material. Esta tendencia sólo es frenada por arcaísmos hostiles a la secularización, como muestran los episodios recientes del obispo católico José Ignacio Munilla y el telepredicador evangélico Pat Robertson. Contra la predicción asboluta de que los creyentes son más "solidarios" que los no creyentes (el dato es de los EE.UU), las instituciones laicas están demostrando que son muy capaces de fomentar y gestionar la solidaridad natural. Entre otros, James Randi, Richard Dawkins o Sam Harris (a través de su boletín de noticias) han respondido al desastre de Haiti con peticiones de ayuda y donaciones.