28 nov. 2009

Que no, que no son compatibles

La diplomacia científica está empeñada en convencernos de que la teoría de la evolución no tiene por qué molestar a las religiones. Este editorial de Nature, en particular, resumía la necesidad de tener en cuenta las "lentes culturales" que filtran la información científica, una dificultad acuciante allí donde hay una mayoría religiosa musulmana o cristiana evangélica. Hasta Richard Dawkins ha aparcado momentáneamente los problemas de la teodicea para mostrar, en su último libro, las "evidencias" de la evolución que cualquier persona culta debería reconocer.

El "idilio" moderno entre evolución y religión es particularmente vivo entre los científicos e intelectuales financiados por instituciones religiosas interesadas en "afirmar la dimensión espiritual de la vida". Algunos de estos resultados se han convertido casi en ciencia popular avalada por el New York Times, y llegan a reprochar una aparente incompatibilidad entre la biología y el ateísmo.

Sorprendentemente, el último en sumarse a la liga de racionalistas diplomáticos es Michael Shermer, empleando en la página web de CNN argumentos similares a los de Francisco J. Ayala, otro distinguido "compatibilista" crítico con el Diseño Inteligente.

El problema de la diplomacia es que suele ser mentira: en este caso las teorías religiosas y evolucionistas no sólo no son compatibles sino que son mutuamente excluyentes. Tratar la religión como un "fenómeno natural" -aunque pueda servir, desde luego, para descubrir por qué evolucionó el comportamiento social religioso o por qué tenemos tendencias animistas- elimina los agentes sobrenaturales indispensables para sostener la visión religiosa. La visión evolucionista no desacretida la visión religiosa sólo porque descubra sus orígenes (Evolutionary Debunking Arguments) (PDF), sino porque entra en abierta contradicción con la explicación religiosa tradicional.

Por lo demás, la ciencia tampoco está vinculada a un entorno social religioso, sino a otros fuertemente seculares, racionalistas o naturalistas donde -en cualquier caso- los dogmas del más allá no se toman demasiado en serio. En particular, como recordaba en 2000 Ernst Mayr, el zeitgeist darwiniano no puede dejar de arraigar en una "visión secular de la vida" que elimina las causas finales vinculadas tradicionalmente con la visión religiosa. Por supuesto, los teólogos cristianos pueden seguir afirmando que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es también el autor de la evolución, a la manera como el chamán de Nueva Guinea sensible a la ciencia moderna puede seguir afirmando que los espíritus de los antepasados son, en realidad, los autores invisibles de la encefalopatía espongiforme que ocasiona la epidemia "Kuru".