18 oct. 2009

Santa Alianza contra el aborto

Las recientes manifestaciones "a favor de la vida" sirven la mejor oportunidad para provocar una santa alianza de monoteísmos contra la moral laica y contra el sentido común.

Por fortuna, las naciones occidentales no son teocracias, y el estado laico garantiza por el momento que las leyes no sean sancionadas por obispos y rabinos, incluso en los países con una moral religiosa mayoritaria, como los EE.UU. e Israel.

Bajo una retórica abolicionista y humanitaria, lo que hay realmente es una agenda radical que equipara a menudo el aborto con el "asesinato" (a veces también con el holocausto) y sólo culminaría con la prohibición legal de cualquier interrupción voluntaria del embarazo (Benigno Blanco: "No pararemos hasta que no se produzca un solo aborto en España") y, consecuentemente, con el veto a la investigación biomédica con células madre, entre otras consecuencias inesperadas.

Esto implicaría la usurpación del derecho adquirido de las mujeres a interrumpir sus embarazos en condiciones sanitarias, la paulatina limitación al derecho a la información sobre pruebas prenatales y, presumiblemente, la denigración social o el encarcelamiento de las mujeres que abortan o bien de los médicos que las asisten.

El conjunto de medidas legales, económicas y morales alentadas por los grupos llamados "provida" difícilmente podrían ser más fundamentalistas, más absurdas ni más utópicas. En parte porque el problema de los embarazos no deseados o prematuros no siempre tiene mucho que ver con la moral. Es más bien un problema de nuestra naturaleza humana. Como explica Sarah Blaffer Hrdy, los embarazos adolescentes son una consecuencia inesperada de nuestra evolución cultural, de nuestras sociedades opulentas que han logrado eliminar las barreras naturales contra la gestación en mujeres demasiado jóvenes para llevar adelante la crianza de sus hijos.

La prohibición legal del aborto acarrearía además insoportables consecuencias económicas para el conjunto de la sociedad, pues exigiría la puesta en marcha de un monstruoso "estado del bienestar" para subvencionar todos los embarazos -incluyendo los adolescentes- en ausencia de una planificación familiar verdaderamente racional y eficaz, también rechazada tajantemente por los mismos militantes "provida".