5 oct. 2009

Ciencia libre

A partir de lo que llamaríamos "ciencia moderna" el ethos predominante establece idealmente que "el progreso de la ciencia depende de la apertura y de la disponibilidad para recibir críticas y para cooperar". Se piensa que la ciencia es un requisito de la democracia más que conocimiento desinteresado, vocación pública que contrasta con el secretismo tradicional, como alerta también Patricia Fara, pues todavía en el renacimiento venía a ser parecido pertenecer a una orden religiosa, a una camarilla de alquimistas, o a una hermandad académica.

Incluso Roger Bacon, señalado muchas veces como el ideólogo de la revolución científica, advertía contra la revelación del conocimiento fuera del círculo de privilegiados, marcando una arrogante diferencia entre los genuinos académicos y los trabajadores manuales, a quienes comparaba con "cabras".

Los foros y las asociaciones internacionales demandan hoy en día que la ciencia se considere un "bien común" y que el acceso a sus resultados se considere un nuevo derecho. El informe de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información de 2003 formuló "un llamamiento a la solidaridad digital" (1) y el Consejo Internacional para la Ciencia reivindica lo que denomina "principio de universalidad", según el cual "Todos los científicos deberían tener la posibilidad de participar, sin discriminación y sobre unas bases igualitarias dentro de actividades científicas legítimas, ya sean dirigidas en el contexto nacional, trans-nacional o internacional". Otras iniciativas particulares, como Open Source Science también comparten objetivos similares.

Los gurús de la "cultura libre", como Lawrence Lessig, promueven una revolución en el acceso a la información justo en el momento en que Internet lo ha cambiado casi todo: Contenidos de alta calidad cada vez son más accesibles y visibles al público, tenemos a un sólo click de distancia desde cursos gratuitos en Harvard hasta publicaciones científicas relevantes, como las que disfrutamos en PLoS ONE. Incluso las revistas hegemónicas comienzan a hacerse eco del problema (requiere suscripción gratuita), y a publicar líbremente algunos trabajos preliminares.

Otro factor a tener en cuenta es Amazon, una solución de mercado bastante eficaz para adquirir libros a precios razonables, y que realmente está liberando e internacionalizando el conocimiento público de la ciencia, en contraste con el panorama cada vez más intrascendente y antieconómico del mercado hispano.

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(1) Francisco M. Sánchez-Martín, Félix Millán Rodríguez y Humberto Villavicencio Mavrich. 2009. La Iniciativa Open Access (OAI) en la literatura científica. Actas Urológicas Españolas 33(7):732-740