17 jul. 2009

¿Por qué no enseñar humanismo secular en la escuela?

Las reacciones ante el nuevo asociacionismo laico y otras iniciativas similares han sacado a la luz una mentalidad profundamente medieval y fundamentalista en una parte de las comunidades religiosas. Pero no todos son iguales. El reverendo anglicano Michael Reiss (Vía), por ejemplo, acaba de proponer que el humanismo ateo se incluya en el curriculum académico de las escuelas británicas, para que los alumnos desarrollen una sensibilidad crítica en relación al debate religioso.

Lo cierto es que el humanismo secular, ateo y naturalista posee ya un cuerpo diferenciado de conocimientos, sólido y bien definido a pesar de su falta de centralidad o jerarquías, que no se puede equiparar con la alternativa docente actual a la asignatura de religión: la asignatura de "ética". Es importante entender que el humanismo secular no es sólo una "ética mínima", o una "ética civil" (1), conceptos corrientemente reivindicados por los profesores tradicionales de ética desde la transición democrática en España. El humanismo secular es una visión ética fuertemente universalista y positiva, ampliada tanto por la ciencia como por los nuevos intelectuales y asociaciones seculares que reclaman derechos civiles plenos, en todo el mundo, para los no creyentes.

En consecuencia, hoy en día es preciso dar pasos hacia adelante.

Especialmente si las comunidades religiosas aún mantienen la presión para financiar una asignatura de religión en las escuelas públicas, los padres humanistas tienen todo el derecho de solicitar al estado recursos equivalentes a los que gozan las familias creyentes mayoritarias, y la prosperidad de estas iniciativas dependerá sólo de la capacidad de la minoría secular (un 15% de los españoles no son creyentes, según una encuesta reciente del CIS) para organizarse eficazmente como pequeño "lobby".

(1) Dos libros fundamentales de la catedrática de ética en la universidad de Valencia Adela Cortina: Ética mínima. Introducción a la filosofía práctica, publicado en 1986, y La ética de la sociedad civil, publicado en 1994.