19 jun. 2009

Las trampas del espiritualismo

Libertad Digital publica un artículo "Contra Savater" -así lo anunciaban-, y no es que el discurso de José Luis Restán tenga mucha enjundia, pero sigue siendo representativo del estado del pensamiento eclesiástico:
No se trata, como denuncia Savater, de que ciertos clérigos se empeñen en corregir los datos científicos con dogmas y tradiciones piadosas. Esa sería una intrusión contraria a la naturaleza de la fe, respecto de la cual la Iglesia católica ha clarificado y sanado contundentemente posibles patologías.
Savater menciona el caso del Diseño Inteligente, que es un clarísismo ejemplo de que los clérigos sí son intrusos científicos habituales y de que la idea de Stephen Jay Gould sobre la ciencia y la religión como magisterios separados es un cuento. Pero en realidad los ejemplos son prácticamente incontables, y no hace falta retroceder a los tiempos de la condena de Galileo. Stephen Hawking contaba que tras una conferencia en la Academia Pontificia, Juan Pablo II les advirtió de que "estaba bien estudiar la evolución del universo desués del Big Bang, pero que no debíamos indagar en el Big Bang mismo, porque se trataba del momento de la creación y, por tanto, de la obra de Dios" (citado por Puente Ojea). El mismo Juan Pablo II, después de admitir que la evolución darwiniana era "más que una hipótesis" en su famoso discurso de 1986, terminaba escindiendo radicalmente el alcance de la ciencia empírica porque "el momento del paso a lo espiritual no es objeto de observación". ¿Cuál sería el estado del conocimiento científico, en la neurociencia, o en la cosmología científica, si los científicos hubieran hecho caso de semejantes consejos?

En realidad, Restán no sólo está afirmando que debemos tomarnos realmente en serio algunos milagros -los de Jesucristo, pero no los de Apolonio de Tiana-, sino que estas creencias absurdas y prodigiosas ni siquiera violan la visión del mundo determinada por la ciencia, fundada en el naturalismo, en el método hipotético-deductivo y en la lógica moderna. Al parecer, creer realmente en la transustanciación del pan en el cuerpo de Cristo es algo verdaderamente indispensable para terminar con la "tremenda limitación de la razón" que consiste en no tragarse historias extraordinarias y sin sentido. El propio Savater lo resumía muy bien con una frase: "Con el pretexto de que la ciencia no resuelve todos los enigmas de la naturaleza, aconsejan recurrir a la religión aunque no resuelva ninguno."