16 abr. 2009

¿Explica la evolución a la naturaleza humana?

Ninguno de los que responden a la pregunta de la fundación John Templeton lo niega tajantemente. Frans de Waal afirma:
La naturaleza humana simplemente no se puede comprender aislada del resto de la naturaleza. Esta aproximación evolucionista aún es difícil de aceptar para mucha gente, pero es probable que genere incluso más resistencia una vez que se comprendan del todo sus implicaciones. Después de todo, la idea de que descendemos de criaturas peludas de largos brazos es sólo la mitad del mensaje de la teoria evolucionista. La otra mitad es la continuidad con todas las formas de vida. Somos animales no sólo de cuerpo sino en también de mente. Esta idea puede ser difícil de tragar.

(...)

Esta visión difícilmente puede socavar la dignidad humana. Al contrario, ¿qué podría resultar más digno que unos primates empleando sus regalos naturales para construir una sociedad humana?
La continuidad es difícil de "tragar" cuando uno sostiene la que podríamos llamar "hipótesis del destierro", típica del misticismo oriental y entre nosotros de la misma tradición bíblica empapada de neoplatonismo dualista. Esta hipótesis tradicional no consideraba que la tierra era el lugar natural de la mente humana, no entendía que la presión por sobrevivir en ella nos hubiera hecho ser lo que somos (Rerum novarum: "Porque no creó Dios al hombre para estas cosas quebradizas y caducas sino para las celestiales y eternas, ni nos dio la tierra por habitación perpetua, sino por lugar de destierro.").

Las religiones bíblicas, siempre preocupadas por erradicar las herejías naturalistas, gnósticas y panteístas, terminan convirtiendo en dogma la idea de que el ser humano es criatura "a imagen y semejanza" de un ser distinto de la naturaleza, y que se distingue de los brutos no tanto en función de la racionalidad natural, sino de la potencialidad del alma racional para recibir la gracia sobrenatural. Por eso al magisterium le cuesta tanto aceptar el hecho de que la mente -no sólo el cuerpo o "evolución material", como lo llamaba Juan Pablo II- también es un fenómeno natural.
La naturaleza humana simplemente no se puede comprender aislada del resto de la naturaleza.
O dicho de otro modo: Las ciencias humanas simplemente no se pueden comprender aisladas del resto de las ciencias naturales.