29 mar. 2009

Las creencias no tienen derechos

Al final lo han conseguido. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha aprobado finalmente la propuesta de varios países de mayoría islámica y "no alineados" para promover leyes internacionales contra la crítica de las religiones, especialmente del Islam. De los 47 miembros del consejo, votaron a favor 23, se abstuvieron 13, y volvieron a oponerse los representantes occidentales.

Bajo una retórica anti-occidentalista y mensajes de tolerancia universal, lo que el Consejo ha lanzado en realidad es un ultimatum a la libertad de expresión. A partir de aquí, los juristas internacionales, en nombre de la humanidad, pueden empezar a tomar en serio la idea de que los sistemas de creencias, no las personas, poseen "derechos" que merecen protección especial.

El Congreso Judío Mundial ha criticado la iniciativa. Y será interesante averiguar la opinión de El Vaticano.

Si hacemos algo de historia, se recordará por ejemplo la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos (Argel, 1976) y los distintos movimientos a favor del "derecho de autodeterminación" a partir de los años setenta del siglo pasado. Entonces también se oponía el bloque de los EE.UU., frente al apoyo de los soviéticos y los "No Alienados". Entonces también estaba en juego no sólo geopolítica, sino dos visiones diferentes y difícilmente conciliables del derecho internacional: la que enfrenta a los derechos centrados en el individuo con la visión de los derechos centrados en la comunidad, y ahora también en los sistemas de creencias.

Las solemnes declaraciones de Argel o Durban subvierten el sentido originario del derecho individual, discuten la esencia de la ciudadanía y manifiestan una ruptura en la "comunidad internacional" que sólo se podría ignorar adoptando un punto de vista "extraterrestre", parecido al del alienígena Klaatu de Ultimatum a la tierra (1951) bajo el trasfondo de la guerra fría.

Boicot Durban II (y aqui). Christopher Hitchens: "No digas una palabra".