7 dic. 2008

Neuroestética: De lo material en el arte

La Declaración sobre la Neuroestética, de Semir Zeki:

¿Qué es el arte, por qué ha sido un rasgo tan conspicuo de todas las sociedades, y por qué lo valoramos tanto? El tema se ha dicutido en detalle sin ninguna conclusión satisfactoria. Esto no es sorprendente. Tales discusiones se conducen habitualmente sin ninguna referencia al cerebro, a través del cual todo arte es creado, ejecutado y apreciado. El arte es una actividad humana y, como todas las actividades humanas, incluyendo la moralidad, la la ley y la religión, depende y obedece a las leyes del cerebro. Aún estamos lejos de conocer las bases neurales de estas leyes, pero los avances espectaculares en nuestro conocimiento del cerebro visual nos permiten comenzar a estudiar las bases neurales del arte visual.

El primer paso en esta investigación consiste en definir la función del cerebro y la del arte. Pueden adscribirse muchas funciones a ambos. Una función general, común a ambos, hace de la función del arte una extensión de la función del cerebro: la adquisición del conocimiento, una actividad con la que el cerebro está incesantamente comprometido. Tal definición nos introduce naturalmente en un mundo profundamente filosófico, sobre querer aprender cómo adquirimos conocimiento, sobre las contribuciones formales que hace el cerebro, y sobre las limitaciones que impone y las reglas neurales que gobiernan la adquisición de todo conocimiento. Este catálogo no es muy diferente del bosquejado por Immanuel Kant en su monumental Crítica de la razón pura, donde Kant habla exclusivamente en términos de la mente. Y dado que el problema del conocimiento es un problema principal de la filosofía, no debería sorprendernos tampoco que los grandes filósofos, de Platón en adelante, hayan consagrado partes significativas de sus trabajos a las discusiones sobre el arte, a través del cual el conocimiento es alcanzado e impartido.

Puesto que el conocimiento ha de ser arquirido en frente de condiciones constantemente cambiantes, la mutabilidad es la piedra angular de las grandes filosofía de occidente y de oriente. Pero también es el problema clave para el cerebro en su búsqueda del conocimiento, y para el arte, cuyo objeto, como dijo una vez Tennessee Williams era "convertir en eterno el momento desesperadamente fugaz." Los estudios neurales están planteando cada vez más la cuestión de cómo el cerebro logra hacer algo tan destacado. La característica de un sistema eficiente de adquisición de conocimiento, enfrentado al cambio permanente, consiste en su capacidad para abstraer, para enfatizar lo general a expensas de lo particular. La abstracción, de la que es posible argumentar que es una característica de cada una de muchas áreas visuales diferentes del cerebro, libera al cerebro de su esclavitud de lo particular y de las imperfecciones del sistema de memoria. Esta remarcable capacidad se refleja en el arte, ya que todo arte consiste en abstracción. John Constable escribió que "toda la belleza y grandeza del arte consiste...en ser capaz de superar todas sus formas singulares y particularidades de cada clase (al realizar) una idea abstracta...más perfecta que ningún original." Podría haber estado describiendo las funciones del cerebro, ya que la consecuencia del proceso abstractivo es la creación de conceptos e ideales. El arte consiste en la traducción al lienzo de todos estos ideales formados en el cerebro.

El arte, por supuesto, pertenece al mundo subjetivo. Si bien las diferencias subjetivas en la creación y la apreciación del arte deben sobreimponerse sobre una organización neural común que nos permite comunicarnos sobre el arte y a través del arte sin emplear el mundo escrito o hablado. En su requiem en mármol de San Pedro, en Roma, Miguel Ángel investe el cuerpo sin vida de Cristo con infinitos sentimientos de tragedia, ternura y resignación. Los sentimientos que despiertan su Piedad son sin duda experimentados de modos diferentes, y en variante intensidad, por cerebros diferentes. Pero el valor inestimable de las variables experiencias subjetivas no deberían distraernos del hecho de que, al ejecutar su trabajo, Miguel Ángel comprendió instintivamente la organización visual y emocional común del cerebro. Ésta comprensión le permitió explotar nuestra organización visual común y despertar experiencias compartidas más allá de las palabras.

Es por esta razón que el artista es, en cierto sentido, un neurocientífico, explorando las potencialidades y capacidades del cerebro, aunque con diferentes instrumentos. Cómo pueden despertar experiencias estéticas tales creaciones es algo que sólo puede ser plenamente entendido en términos neurales. Un entendimiento tal está hoy a nuestro alcance. El primer paso es entender mejor la organización común de nuestros cerebros visuales, antes de poder proceder a investigar las partes determinantes de la variabilidad neural. Pero hay pocas razones para dudar de que el estudio de la variabilidad, sobre como una activación visual común puede despertar estados emocionales dispares, constituirá el siguiente paso de gigante en los estudios experimentales del cerebro visual.

En un estudio semejante, los neurocientíficos harían bien en explotar lo que los artistas, que han explorado las potencias y capacidades del cerebro visual con sus propios métodos, tienen que contarnos en sus trabajos. Puesto que todo arte obedece a las leyes del cerebro visual, no es raro que el arte nos revele estas leyes, a menudo sorprendiéndonos con lo visualmente inesperado. Paul Klee tenía razón cuando dijo: "El arte no representa el mundo visual, sino que hace visible a las cosas". Esperamos que este enorme entusiasmo internacional generado por el estudio de las bases neurales de la experiencia estética pruebe ser un buen catalizador en el estudio de otros estudios neurales de otras actividades que acaso parezcan remotas desde la disciplina general de la neurobiología. Sólo comprendiendo las leyes neurales que dictan la actividad humana en todas las esferas -en la ley, la moralidad, la religion e incluso en la economía y la política, no menos que en el arte- podemos esperar alcanzar un entendimiento más adecuado de la naturaleza del hombre.