7 nov. 2008

Nota sobre justicia y ciencia

Uno de los principales problemas de la convivencia humana consiste en determinar mecanismos para castigar a quienes transgreden normas sociales, se niegan a cooperar y amenazan el bienestar público. En términos positivos, el problema se transforma en la búsqueda de justicia, o para decirlo con John Rawls: de equidad.

En el siglo XXI la teoría de la justicia ya no puede entenderse como una construcción racional de espaldas a la ciencia natural, y los economistas experimentales están mostrándonos de hecho algunas limitaciones empíricas al razonamiento teórico que ningún "ideólogo" puede ignorar. De acuerdo con el trabajo de Oppenheimer y Frohlich (citado por Marc Hauser en Moral minds), por ejemplo, la gente puede tolerar sólo hasta cierto punto la desigualdad, y la mayoría no encuentra nada ofensivo en la redistribución de sus ganancias con tal de que sirvan para mejorar el bienestar de su sociedad. Conclusiones: ninguna sociedad funcional puede permitirse prescindir del problema de los incentivos o el de la redistribución (justicia como equidad).

El conocimiento de esta economía cognitiva natural, basada en intuiciones de nuestro "sentido moral" rara vez formalizadas como principios racionales explícitos, debería servir para demarcar paulatinamente las teorías científicamente plausibles de la justicia, distinguiéndolas de la charlatanería mesiánica. Ésta demanda es aún más acuciante en tiempos de crisis. Una izquierda intolerante con la desigualdad positiva (una izquierda que prefiera la "igualdad en la pobreza" a cualquier desigualdad) o una derecha ultraliberal que equipare al estado con Vito Corleone, no son sólo ideologías perniciosas que representan visiones iluminadas o intereses de clase. También son pseudociencias.