31 oct. 2008

Wittgenstein en la Amazonia

"Los límites del lenguaje son los límites de mi mundo" es una de las proposiciones más conocidas del Tractatus (§ 5.6). En los primeros cursos de linguistica es común estudiar también el principio de la relatividad del lenguaje o la hipótesis Sapir-Whorf, según la cual las categorías de las lenguas locales determinan lo más significativo del pensamiento humano. Hablar una lengua es lo mismo que habitar un mundo.

Contra esta hipótesis se han levantado conocidas protestas. Wierzbicka habla sobre una semántica y Chomsky sobre una gramática universales que atraviesan todas las diferencias culturales. Dando un paso más allá, los biolingüistas y los neurolingüistas intentan explicar el lenguaje en función del cerebro y de la evolución (que compartimos con los demás primates, o incluso con las aves canoras). El lenguaje podría trascender, incluso, la cultura humana.

Daniel Everett es uno de los criticos más destacados de la gramática universal chomskiana, al menos desde que su paper del 2004 cayó como una bomba en la fiesta del universalismo. El artículo describía el universo extremadamente simple de los pirahã (entre 300 y 500 individuos repartidos entre los ríos Maici y Marmelos, donde llevan instalados entre 40 y 50.000 años...), un extraño mundo donde no existen los números superiores a 3, nombres fijos para los colores, arte o dibujo, palabras para "todo", "cada", "pocos" o "la mayoría", y ninguna evidencia sobre recursión lingüistica -la operación que consiste en insertar una frase dentro de una frase del mismo tipo ("Un hombre camina por la calle" + "Un hombre lleva un sombrero" = "Un hombre con sombrero camina por la calle"). Los pirahã son las personas más silvestres conocidas -sólo intuirlos a vista de Google Earth produce escalofríos-, tanto para la civilización, como para la semántica chomskyana.

The New Yorker cuenta el resto de la historia y Freman Bregg aporta algunas interesantes comparaciones entre los pirahã y...nosotros mismos.