1 oct. 2008

Romper el hechizo cartesiano

Sobre todo desde Descartes, estamos bastante habituados a pensar en la ciencia como un proceso de adquisición de conocimiento fundamentalmente bien planificado, metódico y sistemático. Es decir, estamos habituados a pensar en la ciencia como una "teoría burocrática", por emplear uno de los términos del binomio con el que Daniel Dennett dividía las teorías sobre la mente. La otra posibilidad es pensar en una "teoría del pandemonium", donde se darían esfuerzos duplicados, múltiples interferencias, periodos caóticos y resultados imprevisibles en el proceso de adquisición y validación del conocimiento científico. 

El "método" cartesiano, pero también el empirismo lógico, serían ejemplos bastante ajustados de "teorías burocráticas" de la ciencia. Por contra, los paradigmas de Kuhn, el anarquismo epistemológico de Feyerabend, y quizás también los programas de investigación de Lakatos, o la misma explicación de la ciencia desde la teoría de los mecanismos y juegos que ha propuesto Jesús Zamora Bonilla (el autor sabrá perdonarme si la ubicación no le parece justa) podrían considerarse más próximas -aunque en muy distintos grados- a las "teorías pandemonium" de la ciencia.

Es también bastante evidente que la lógica de la ciencia (el "contexto de justificación" de Reichenbach") favorecería en general a las teorías burocráticas o "limpias", mientras que la historia y la sociología de la ciencia (el "contexto de descubrimiento") aportaría una perspectiva corrientemente más pandemonium o "sucia". 

Hay en especial un fragmento de La conciencia explicada que me insinuó ésta alternativa:
Esta teoría es lo bastante novedosa como para ser difícil de comprender, aunque se basa en modelos desarrollados en el seno de la psicología, la neurobiología, la inteligencia artificial, la antropología...y la filosofía. Este descarado eclecticismo a menudo provoca cierto recelo en los investigadores dentro de los capos de los que toma prestadas sus ideas. Gracias a mis freuentes intrusiones en esta área, he llegado a la acostumbrarme al poco respeto que sienten algunos individuos por sus colegas. "Pero Dan", me dicen los vinvulados con la inteligencia artificial, "¿por qué pierdes el tiempo hablando con estos tipos de las neurociencias?" Aluden al "procesamiento de la información" y sólo se preocupan por dónde se produce y sobre qué neurotransmisores intervienen, y todas esas cosas tan aburridas, pero no tienen ni la más remota idea de cuáles son los requisitos computacionales que imponen las funciones cognitivas superiores". "¿Por qué -me preguntan los investigadores del cerebro- pierdes el tiempo con esas fantasías de la inteligencia artificial? Se dedican a inventar los mecanismos que les da la gana y demuestran una ignorancia imperdonable sobre todo lo que tienen que ver con el cerebro". Sobre los psicólogos cognitivos, por otra parte, recaen constantes acusaciones de construir modelos sin ninguna plausibilidad biológica ni poder computacional probado; los antropólogos no reconocerían un modelo si lo vieran, y los filósofos, como todos sabemos, se dedican a sacar trapos sucios de unos y otros, advirtiendo sobre confusiones que ellos mismos han creado, en un área que carece por completo de datos y de teorías verificables empíricamente. Con tantos idiotas ocupándose del problema, no es de extrañar que la conciencia siga siendo un misterio".
Las teorías "limpias" o burocráticas sin duda suponen un avance ante la idea platónica de ciencia que prevaleció más o menos hasta el renacimiento, donde el saber podía aparecer a la conciencia como revelación racional, como "anamnesis". Lo que resulta más dudoso es que la teoría burocrática pueda afrontar algunos de los problema más complejos y típicos de la ciencia presente, jubilar a la filosofía y librarse de todos los demás idiotas. Si la hipótesis burocrática es una descripción correcta de la realidad, ¿cómo explicar el sucio cuadro pintado por Dennett? ¿Cómo es que la "comunidad científica" no existe en cuanto comunidad universal homogenea, y en su lugar se presentan múltiples "culturas" científicas necesitadas de entenderse, como empezó a advertir hace medio siglo Snow?