16 oct. 2008

El programa de investigación sobre el origen de la vida

Una de las tácticas favoritas empleadas por los seguidores de las teorías conspirativas consiste en intentar desacreditar las "versiones oficiales" detectando supuestas "anomalías" empíricas, desde la mochila de Vallecas a los árboles filogenéticos de Haeckel. Viene a ser una especie de empirismo oportunista según el cual es posible identificar cierto tipo de hechos o experimentos cruciales capaces de falsar las teorías. Una visión más ajustada de la ciencia [*] -a mi entender, al menos- la ofreció Imre Lakatos: los experimentos y las anomalías aisladas no pueden refutar las mejores teorías científicas, que no son saberes clausurados sino "programas de investigación" en marcha. Las teorías no sólo se prueban en la experiencia, sino en comparación a otras teorías.

El experimento de Miller-Urey es uno de los "iconos de la evolución" que habitualmente forman el argumentario creacionista para tratar de cuestionar las hipótesis evolucionistas sobre el origen de la vida. Éste experimento reveló que al menos ciertas moléculas biológicas simples (aminoácidos) podían surgir en una mezcla controlada de metano, amoniaco, hidrógeno y agua a la que se aplicaban descargas eléctricas de 60.000 voltios. A su vez, el trabajo de Stanley L. Miller y Harold Urey en la universidad de Chicago, se asentaba en un programa de investigación más amplio sobre el origen químico de la vida, a partir de que Oparin y Haldane propusieran un primer modelo de la evolución química en los años 20 del siglo pasado.


El experimento Miller-Urey no es concluyente sobre la abiogenesis, pero muestra una ruta empíricamente plausible en la búsqueda de los componentes necesarios para la vida que los científicos han seguido persiguiendo desde entonces.

Próximamente Jeffrey L. Bada y Adam P. Johnson publicarán en Science un artículo que revelará aspectos nuevos del problema, basándose en el trabajo sobre los mismos materiales empleados por Miller y Urey (cuyos resultados de hecho ya fueron ampliados en 1955 al identificarse 22 aminoácidos nuevos en el cultivo original) y barajando algunas hipótesis alternativas. Según Bada (en El Mundo): "Estábamos seguros de que aún quedaban cosas por descubrir en el experimento original de Miller" (...) "Nos dimos cuenta de que una versión moderna" de las pruebas con sistemas volcánicos "produce una variedad más amplia de componentes".


[*] La asignatura de filosofía ganaría mucho prestigio y autonomía si se dedicara a enseñar buena filosofía de la ciencia, en lugar de amotinarse en la crítica de la "razón instrumental" típica de las últimas décadas.

LECTURA: Alan D. Gishlick, Icons of evolution? Why much of what Jonathan Wells writes about evolution is wrong