4 oct. 2008

El desastre son los otros

El Cardenal Rouco ha abierto el congreso sobre la familia en Alcalá de Henares proclamando un dilema apocalíptico: "O colocamos el poder bajo el imperio de la moral, o vamos al desastre". Personalmente, no recuerdo en mi tiempo de vida otra época con mayor recrudecimiento público de la moral religiosa (católica) en nuestro país.

Quizás la diferencia con épocas anteriores estriba en que estas proclamas no son hoy patromonio de extremistas o creyentes especialmente vigilantes, sino que afectan a buena parte del "bloque conservador", para decirlo a la manera de Gramsci. Un destacado blogger de Red Liberal, por ejemplo, escribía esto hace poco:
Los principios morales deben tener la consideración de verdades trascendentes, independientes de la mente humana. De lo contrario, nada puede escapar al ácido corrosivo del relativismo.
Inicialmente, lo que más me llama la atención aquí es la formulación tan explícita de la histórica disyuntiva sobre el inmoralismo secular, sobre todo procediendo de un "laico". Yo mismo he estudiado en una universidad católica con amplia presencia del "humanismo cristiano", donde nunca se habría presentado la fundación de la moral de una manera, digamos...tan áspera. Para alcanzar la trascendencia de los valores lo más corriente era comenzar aceptando la autonomía de la moral, o la naturaleza de los "sentimientos morales" si se sigue la tradición anglosajona, para proyectarlos en el curso de la argumentación sobre un horizonte religioso. Esta era la idea de Kant, tan influyente en todos los pensadores cristianos posteriores hasta Habermas, donde Dios aparecía sólo como postulado de la razón práctica (o como "potencial semántico" de la razón dialógica).

Pero quizás el principal de los problemas en el que no parece reparar Rouco o sus correligionarios es la práctica imposibilidad que encuentra cualquier religión positiva (incluída la católica) para erigirse como alternativa al presunto caos secular y el "relativismo"en una sociedad política realmente abierta. No se puede omitir de la discusión que España es un país políticamente aconfesional donde conviven distintas "verdades trascendentes" y la pluralidad de creencias religiosas es, en general, un faktum del planeta. Aún en el imperativo caso de que la moralidad debiera ser esclava de la "trascendencia", huyendo de la tradición ilustrada y dando un paso más de vuelta a la Edad Media: ¿de qué "trascendencia", entre todas las disponibles, se trataría? ¿Por qué debería preferirse, pongamos por caso, la trascendencia bíblica a la coránica, o la talmúdica, o la animista?

La proclama de Rouco, siguiendo la instrucción apostólica del actual papa, no resuelve ningún dilema, simplemente lo traslada de lugar: del relativismo secular al religioso.

ACT.: Algo que debería haber precisado desde el principio. La llegada de Ratzinger al meme del relativismo es tardía y oportunista. Como es archisabido, la prioridad crítica del relativismo cultural corresponde a los científicos, especialmente a los más materialistas y racionalistas; P.Z Myers: "Whenever you hear someone defend an action with the excuse that “it is our custom,” “it is traditional,” “we've always done it that way,” “it is written so in our sacred texts,” or variants thereof, slap ’em down and spit in their eye."