5 oct. 2008

Críticas a la neurociencia

Desde Somatosphere -un magnífico blog colectivo sobre medicina y antropología- nos animan a mirar a la neurociencia en su contexto. Los métodos de resonancia magnética cerebral, aunque útiles y prometedores, no reflejan literalmente "el trabajo de la mente" como traslucen algunos análisis populares. Michael Shermer señala 5 confusiones: 1) El entorno de las pruebas es poco natural para la cognición, 2) Las pruebas sólo pueden realizar mediciones indirectas del cerebro, 3) El empleo de colores exagera los efectos reales en el cerebro, 4) Las imágenes cerebrales son recopilaciones estadísticas, no fotografías en tiempo real y 5) Las áreas cerebrales se activan por varias razones. En definitiva, Shermer advierte de que las redes neurales, y la "inteligencia distribuída", son metáforas que describen mejor la actividad del cerebro que la idea de unos módulos bien definidos encendiéndose en las pruebas experimentales.

Cornelius Borck es otro crítico con las extrapolaciones de la neurociencia y la promesa de una "neurorevolución" que se repite desde hace dos siglos. Incluso los estudios que descansan en los nuevos métodos de resonancia magnética no han producido un verdadero "nuevo conocimiento", en la medida en que los conceptos psicológicos siguen explicándose en términos de la psicología cotidiana.

Ian Gold también es un neurofilósofo australiano escéptico con el horizonte "reduccionista". Si las reducciones son raras incluso en la física, aún está menos claro cómo las leyes psicológicas pueden reducirse a conceptos de la genética o la neurobiología. Aunque la neurociencia está cosechando un gran éxito al describir el microcosmos de la vida celular, es preciso esperar a "Leyes puentes" -para decirlo con Ernest Nagel- que conecten firmemente con el macrocosmos de la vida humana.

Como explicó el filósofo de la ciencia Imre Lakatos, la metodología de los mejores programas de investigación no descansa en la promesa de un conocimiento instantáneo y hay que tratar con benevolencia a los programas en desarrollo que sí están funcionando, aunque sea de modo parcial.