9 sept. 2008

Drogas para la ética

En particular desde Descartes, el problema del dualismo consiste en explicar cómo es que se comunican dos substancias independientes. Si hay una "substancia mental" responsable de entidades tan distinguidas como la "libertad", la "inteligencia" o la "voluntad", ¿cómo logra influir en las menos agraciadas entidades físicas del mundo tangible? La ciencia empírica indica de hecho un camino de salida para el cartesianismo y para la psicología basada en la instrospección: el materialismo metodológico.

Ni la más alta moralidad se libra del escrutinio naturalista. Los psiquiatras y neurocientíficos están empezando a preguntarse específicamente cómo puede afectar la psicofarmacología...al sentido moral. Sean S. Spence (Vía) se pregunta en la revista británica de psiquiatría si la biomedicina puede servir para mejorar la moralidad humana: de las drogras de la salud y la inteligencia a las "drogas humanas".
Consideraciones recientes sobre la ética cognitiva han excluído específicamente las consideraciones sobre las cogniciones sociales (como la empatía, la venganza o el engaño), sobre la base de que son menos cuantificables. Sin embargo, sería lamentable si esta imitación impidiera del todo considerar una importante cuestión para la humanidad: ¿puede ayudarnos la farmacología a mejorar la moralidad humana? ¿Es posible que las drogas no sólo nos hagan más inteligentes, sino que también nos ayuden a convertirnos en más humanos?
Con independencia de las suspicacias éticas y políticas que pueda originar la medicalización de la ética (¿qué hay de unas drogas para hacernos más religiosos o más ateos? ¿puede existir un tratamiento para ser más ecologistas?) la neurociencia de la moral propina otro golpe mortal al dualismo. Si la conducta ética es tan estrechamente dependiente de la neurobiología como para ser alterada prácticamente "a la carta" mediante la tecnología física adecuada, entonces el dualismo parece una posición poco plausible.

De hecho, de acuerdo con Spence no es preciso adoptar el punto de vista "prometeico" (orientado al diseño de drogas específicamente "pro-sociales") para reconocer que la psicofarmacología ya está previniendo algunos daños sociales al reducir la probabilidad de comportamientos peligrosos provocados por psicosis, adicciones y otras alteraciones de la personalidad.