10 sept. 2008

Adiós a la filosofía

Consideremos la siguiente contradicción. Por una parte los filósofos son adiestrados por un minucioso diseño curricular que corre a cargo del ministerio de educación. En este sentido, la transformación de la asignatura de filosofía en la llamada "Educación por la ciudadanía", y de los filósofos profesionales en ideólogos del estado democrático de derecho, no hace más que ratificar la historia reciente de la disciplina. Sin embargo, la mayoría de los filósofos profesionales pretenden seguir siendo funcionarios especiales, es decir, "críticos" con el "poder incuestionado" del mismo estado y quizás portavoces del "interés emancipador" que se enfrenta a la razón instrumental moderna. En la práctica, la crítica filosófica ha consistido en aceptar formalmente la democracia rechazando al mismo tiempo sus condiciones materiales.

Según Fernando Savater -por otra parte un distinguido académico e intelectual público en tantas otras cosas- la filosofía:
trata de cuestiones no instrumentales —como las que se plantea la ciencia— y que por tanto nunca pueden ser definitivamente solventadas: sus respuestas ayudan a convivir con las preguntas, pero nunca las cancelan. De ahí que quienes aconsejan con impaciencia a los filósofos acogerse a la psicología evolutiva o a las neurociencias sencillamente no entienden el chiste ni ven la gracia al asunto.
Ni más ni menos que la "filosofía del no saber nada" que diagnosticó Patricia S. Churchland. Un método que está perdiendo terreno frente a otro modo de entender la teoría mucho más apegado a las ciencias empíricas e incluso a la "filosofía experimental". Por supuesto, este tipo de filosofía tampoco está condiciones de "cancelar" ninguna pregunta fundamental -¡al fín y al cabo tampoco la ciencia puede hacerlo!-, pero sí es capaz de limitar el alcance de las preguntas tradicionales en un marco menos especulativo. Dicho de otro modo, la advertencia de no tratar los grandes temas como "cuestiones instrumentales" no debería convertirse en un freno dogmático contra la teorización filosófica empíricamente constreñida. En realidad, la filosofía sigue estando en el mismo lugar tradicional de intersección entre teorías -de ahí que siga siendo un ámbito reflexivo diferente al de las ciencias-, sólo que no puede navegar en soledad (Otto Neurath: "somos marineros que han de reconstruir su barco en alta mar").

Quizás la razón por la que el público y buena parte de nuestra academia no le "cogen la gracia" hoy al asunto sea el callejón sin salida en el que la propia filosofía continental sigue estando metida.