14 ago. 2008

El estado y la selección natural

Desde hace años proliferan las críticas al estado-nación y las profecías sobre su extinción o "retirada". Para algunos la emergencia de una nueva "sociedad-red" o sociedad informacional insinúa que otras formas de organización son posibles, y quizás inevitables. Clay Shirkey, por ejemplo, concede unos cincuenta años más a nuestro actual modo de organizarnos: gracias a la revolución tecnológica -y quizás a sus nuevas amenazas- el estado nacional dejará de parecernos sostenible. Pero ninguna de estas predicciones, profecías y corazonadas se ha cumplido hasta ahora. De hecho sería relativamente sencillo demostrar justamente lo contrario.

Es difícil explicar el estado en términos racionalmente "coasianos". Las personas no "deciden" fundar estados nacionales como modos racionales, eficientes y sostenibles de reducir los costes de transacción de la ciudadanía. Para explicar el estado necesitamos algo más que la teoría de la elección racional y la metodología individualista (a no ser que, con Elster y otros, admitamos la "individualidad" de agentes colectivos). Creo que necesitamos reconocer la agencia colectiva y la metodología evolucionista que asume la última versión de la sociobiología, sin por ello rendir ningún tributo al colectivismo como afirmación normativa (Dillow distingue muy bien entre el individualismo como ética y el individualismo como metodología): del mismo modo que el altruísmo vence al egoísmo entre grupos, pero no entre individuos, el estado vence a otras formas de organización social cuando consideramos dada la competencia entre estados, o entre sociedades con estado y sociedades sin estado.

Desde la "revolución neolítica" y las primeras civilizaciones agrarias, hace unos pocos miles de años, la lucha por el territorio y el control sobre sus recursos se ha decantado claramente a favor de los gobiernos. En el presente las únicas sociedades sin estado viables están formadas por cazadores-recolectores que ocupan áreas del planeta políticamente poco controladas o menospreciadas. De hecho, la eficacia "darwiniana" de la política está fuera de toda duda: de unos pocos millones de cazadores y recolectores a los 6.000 millones actuales. Éste es un hecho que cualquier científico social debería reconocer si no quiere empezar confundiendo la realidad con sus preferencias.

ACTUALIZACIÓN: Crítica de este comentario en La ley de la gravedad.