20 jul. 2008

El País contra el fatalismo genético

El fatalismo es un cargo frecuente contra el materialismo, el darwinismo, el naturalismo y toda esa constelación de términos prohibidos. En las "guerras culturales" que tienen que ver con las ciencias biológicas la temida extinción de la voluntad tiene una denominación clásica: determinismo genético, y Bruce Lipton, en su libro reseñado por Angela Boto, nos deja el último lema: ¡Los genes no son el destino!

Lipton es un biólogo y divulgador científico que habla de una nueva "gran convergencia" en la ciencia, de la "trinidad" del Cuerpo-Mente-Espíritu o del resurgimiento del Fénix de la Humanidad Global. Asuntos que deben apasionar a la articulista de El País, pero que no merecen ni un solo comentario en Gene Expression, Science blogs o Evolucionarios. Para tratarse de la propuesta de una "nueva biología" que acabará con las "víctimas de la herencia", la expectación en la comunidad científica y en la para-academia más influyente de internet (he tratado de escoger tres muestras significativas en español e inglés) resultan ser bastante más que magras.
La realidad es que no somos lo que está escrito en nuestros genes, sino lo que hacemos con ellos. La realidad es que podemos introducir cambios en nuestro genoma, y, lo que es aún más impactante, las modificaciones que introduzcamos pasarán a los hijos y a los nietos.
No sólo es que podamos rebelarnos contra nuestros genes, sino que los hábitos -de acuerdo con los seguidores de la epigenética, como el experto en oncología Manel Esteller- serían capaces de modificarlos. Pero si es verdad que "todos los cambios epigenéticos se transmiten a las generaciones futuras", entonces ¿algo marcha mal en la "síntesis"?:
Parece que Charles Darwin no tenía toda la razón. Por su parte, el despreciado Jean-Baptiste Lamarck, un naturalista francés ligeramente anterior a Darwin, que de alguna manera ya había descrito la epigenética en el siglo XIX, debería obtener finalmente su lugar en el olimpo científico. Para Darwin, los cambios en el ADN que se dan en el proceso evolutivo son fruto del azar, mientras que Lamarck sostenía que se producen debido a la interacción con el medio ambiente y a la adaptación a él. Los seguidores de Darwin despreciaron y casi borraron de la historia de la ciencia la teoría lamarckiana, hasta que las investigaciones epigenéticas aparecieron en escena y comenzaron a dar pruebas objetivas de su validez.
Dejando de lado que Darwin era él mismo "lamarckista", es decir, partidario de la herencia de los caracteres adquiridos, y que no podía saber nada del ADN -por lo que el comentario de Boto es históricamente inexacto- lo cierto es que la epigenética en principio no supone un regreso a Lamarck. La epigenética trata precisamente de expresiones genéticas capaces de variar incluso cuando los mismos genes no cambian. ¿Como es posible entonces "heredar" genéticamente los estilos de vida? ¿Es posible el "Hombre Nuevo", al fín y al cabo? Doctores tiene la biología y los partidarios de la Visión Utópica que os sabrán responder.