15 jul. 2008

Edward O. Wilson: catedrales y colmenas

Edward O. Wilson (79 años recién cumplidos) es un naturalista a la vieja usanza, lo suficientemente revolucionario como para prometer la alquimia de las humanidades y las ciencias, y lo suficientemente conciliador como para llamar a la alianza de la ciencia y la religión cuando se trata de "salvar" el planeta. Hoy lo encontramos fascinado con el descubrimiento de nuevas especies de hormigas en las selvas de Brasil; algunas de ellas, según el reportaje de NYT, tan extrañas que apenas parecen seres de este planeta. Pero Wilson es conocido por algo más que por los superoganismos y la eusocialidad. Desde que publicó una síntesis inicial, allá por 1975, la peligrosa sugerencia de que el comportamiento humano podría tener una importante base genética y una amplia base para la analogía animal sigue desconcertando y provocando controversias desde los colegas en Harvard (empezando por Richard C. Lewontin y Stephen Jay Gould) hasta los humanistas europeos más remotos.

Actualmente Wilson está trabajando en una novela (algo así como "El valle de las hormigas") y un ensayo sobre la historia natural del comportamiento humano que recogerá el estado de la nueva síntesis. A partir de la hipótesis del superoganismo y la selección multinivel en las especies de insectos sociales, sería posible explicar cómo es que rasgos aparentemente implausibles, como la generosidad moral y el comportamiento religioso en el ser humano, pueden haber evolucionado sin apelar necesariamente al concurso de un diseñador. Ni héroes fundadores ni pueblos escogidos; la idea es tan políticamente incorrecta porque desafía tanto el individualismo "victoriano" como el conservadurismo religioso: moralidad y religión aparecerían como productos evolutivos que surgen de la competición por los recursos entre grupos: "Grupos con hombres de calidad, valientes, fuertes, innovadores, listos y altruístas, tenderían a prevalecer, como dijo Darwin, sobre aquellos grupos que no poseyeran esas cualidades tan bien desarrolladas".

La "catedral" de las termitas