17 jun. 2008

Desequilibrio social

A diferencia de Kantor, mi interés por la teoría económica es algo más externo y menos especialista, pues está subordinado al enfoque naturalista que trata de desarrollar esta bitácora. Con "naturalismo" no me refiero, por supuesto, a muchas interpretaciones comunes del término ("biologicismo", darwinismo social, reduccionismo vulgar, animalismo, vegetarianismo...) sino al marco teórico corrientemente asumido por filósofos y científicos del tipo de Daniel Dennett (filosofía evolucionista de la mente), Patricia Smith Churchland (neurofilosofía), David Sloan Wilson y E.O. Wilson (sociobiología), Larry Arnhart (biopolítica), Jared Diamond (antropología evolucionista), Herbert Gintis (economía experimental), Leda Cosmides y John Tooby (psicología evolucionista), o Richard Dawkins (memética).

Racionalismo "clásico" y naturalismo

De cualquier modo, y con el propósito de aproximar posturas, hay que reconocer que los comentarios del autor de Equilibrio social habitualmente también desbordan el recinto de la ciencia económica. Kantor es un economista clásico que filosofa, o bien un racionalista clásico que sabe mucho de economía, lo cual ofrece a la discusión un interés adicional. Al menos por dos razones. En primer lugar, porque nos libramos momentáneamente de las soporíferas discusiones recortadas sobre el plano ideológico y de la "batalla de las ideas" (Socialdemócratas Vs Liberales, Liberales clásicos Vs Anarquistas de mercado, &c). En segundo lugar, porque como reconocía Hodgson, no es habitual que los economistas profesionales reflexionen sobre sus propias asunciones filosóficas.

En síntesis, aquí se trata de enfrentar dos marcos teóricos distintos: racionalismo "clásico" y naturalismo.

Los naturalistas cuestionan que las ciencias se fundamenten en una "razón" independiente de la evolución natural o en cualquier otra instancia "trascendental" (Dios, por ejemplo), así como la discontinuidad entre las ciencias y las humanidades. Por contra, el racionalismo clásico, reflejado en el desarrollo de la teoría económica durante buena parte del siglo XX, asumiría las tres tesis criticadas en su momento por Steven Pinker: 1) La tabla rasa, al independizar o aislar la economía humana de la economía de la naturaleza, 2) el buen salvaje, al asumir un "individualismo metodológico" sistemáticamente insensible al contexto y las instituciones ("En el principio fué Robinson Crusoe"), y 3) el fantasma en la máquina, al asumir una separación cartesiana entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias de la cultura.

En el principio fué la institución

De acuerdo con Geoffrey Hodgson los tiempos de la economía clásica, con su énfasis exagerado en la metodología individualista y el equilibrio, podrían estar llegando a su fín. El problema con el equilibrio (Óptimo de Pareto, Equilibrio de Nash) es que hay demasiados desequilibrios que necesitan ser explicados. Las asunciones son demasiado exigentes: la competición (tanto interna como externa) no es perfecta, las personas no poseen información completa y no hemos evolucionado para tomar decisiones siempre "racionales".

Para decirlo con David Colander, la economía standard abandona su particular "trinidad": racionalidad, egoísmo y equilibrio. En su lugar, las ideas evolucionistas (economía experimental + neuroecomomía) y el enfoque institucionalista estarían configurando mutuamente el nuevo lugar común de la teoría económica. Como es sabido para el lector de esta bitácora, desplazamientos similares están teniendo lugar también en la sociobiología.

Evolución y ciencia económica han tenido siempre un trato muy estrecho. Empezando por la influencia de Malthus en Darwin, siguiendo con la relación entre Spencer y Marshall o con la perspectiva económica darwinista favorecida por Thorstein Veblen. Pero esta relación es cada vez más próxima e innegable. En asombroso paralelo con la crítica de los psicólogos evolucionistas al modelo clásico de aprendizaje, los economistas también están descubriendo una racionalidad limitada, fragmentada, sensible el contexto y fuertemente dependiente de las instituciones. De acuerdo con Vernon Smith "las instituciones sirven como herramientas sociales que refuerzan e incluso inducen la racionalidad individual". Según los institucionalistas, en el principio no fué el mercado, sino las instituciones:
Williamson se hizo célebre por proponer que "en el principio fué el mercado". Algunos individuos entonces crean las firmas y las jerarquías, que persisten en el caso de que involucren costes de transacción bajos. Sin embargo, el mercado mismo es una institución envuelta por reglas complejas. En la realidad, los mercados envuelven normas sociales y costumbres, relaciones de intercambio institucionalizadas, así como redes de información que deben ser explicadas. Los mercados no son instituciones libres de un principio.

La institución de la propiedad privada también requiere una explicación. Se ha argumentado que generalmente puede surgir espontáneamente a través de las interacciones individuales, incluyendo la reputación y otros efectos. Sin embargo, estos argumentos teóricos se vienen abajo ante una incertidumbre radical y creciente. La posibilidad de que emerjan los derechos de propiedad en una sociedad compleja sin ningún rol por parte del estado ha sido desafiada por escritores incluso dentro de la mueva tradición institucionalista (Sened, Mantzavinos).
No sólo el individuo auto-centrado, sino la misma inter-subjetividad (¿por qué está prohibido hablar de "agencia colectiva"?), está siendo retada por la economía institucional y evolucionista. En suma, las "joyas de las corona" del Equilibrio social relucen más o menos hasta la década de los 70, pero desde entonces hay desarrollos paralelos en la economía y la bioeconomía que sugieren un cambio de paradigma con consecuencias que todavía están por evaluar.

LECTURAS: Geometría del orden espontáneo, Arturo Macías; Evolutionary and institutional economics as the new mainstream?, Geoffrey Hodgson; El caso contra la economía, Kantor.