7 may. 2008

Todos somos economistas

Sobre todo tras el éxito de Freakonomics, no es raro encontrar libros que intentan abordar la "ciencia lúgubre" desde una perspectiva menos abstracta y más popular. Robert H. Frank lo intenta en El economista naturalista, una obra que sugiere la afinidad entre la microeconomía y el enfoque naturalista, centrado -como explicó Mayr para las ciencias biológicas- más en crear narrativas científicamente informadas que en destilar presuntas verdades matemáticas o en hacer fantásticas predicciones. Imponer una interpretación narrativa a las experiencias es una "especialidad del cerebro humano", según Frank, que influye de forma decisiva en las intuiciones y la misma ciencia de la economía. Asombrosamente, en ciertas ocasiones dominar algunas categorías de la economía científica es aún peor que no controlar ninguna. Esto es lo que parece ocurrir con el concepto de "coste de oportunidad" (el valor de todo aquello a lo que tenemos que renunciar en una elección económica), según una encuesta de Ferrano y Taylor:
(...) tal vez los profesores de economía tampoco dominan el concepto básico de coste de oportunidad. En 2005, durante las reuniones anuales de la Asociación Económica Americana, los investigadores plantearon la misma cuestión (previamente planteada a estudiantes) a una muestra de 199 economistas profesionales. Sólo el 21,6 por 100 eligió la respuesta correcta.
Tengámoslo en cuenta cada vez que los "expertos" económicos tocan la trompeta anunciando cataclismos u otras maravillas. En España editará el libro Península.