31 may. 2008

Revisando el darwinismo

La controversia sobre el "darwinismo" tiene poco sentido cuando el término está confusa o ideológicamente definido, y en especial cuando forma parte de la guerra cultural librada por el conservadurismo religioso. Pero esto no significa que la biología evolutiva esté estancada en ningún paradigma irresistible o dogmático. Mi colega Anibal Monasterio recopilaba hace poco algunos problemas o "herejías" que actualmente podrían estar afectando al estado de la "síntesis" y el neodarwinismo:

En primer lugar, la Transferencia genética horizontal (HGT) o Transferencia genética lateral (LGT), que tiene lugar cuando los organismos transfieren material genético a células que no forman parte de su descendencia, presentaría evidencias contra el "dogma" darwiniano de la evolución mediante descendencia con modificación. Este tipo de transferencia podría ser un fenómeno significativo en células procariotas y eucariotas unicelulares, por lo que dificultaría la reconstrucción de los árboles de la vida confeccionados con criterios "darwinianos" clásicos, pero se discute su influencia en plantas y animales superiores.

En segundo lugar, el restablecimiento de la cooperación como elemento fundamental de los sistemas vivos y la simbiogénesis sugerida por la heterodoxa Lynn Margulis. Según la residual opinión de Margulis, el genoma y los errores de su replicación no explican la evolución, que debe entenderse en el marco de la interacción y simbiosis de los propios organismos, en especial unicelulares. Hay que recordar que la insistencia de Herbert Spencer en la "lucha por la existencia", o la "naturaleza, roja de dientes y garras" de Tennyson, como principales fuerzas de la evolución darwiniana, ya fueron puestas en entredicho por Piotr Kropotkin (1902).

El desafío más interesante al "neodarwinismo", por último, proviene de la reivindicación de la selección de grupo, resumida últimamente por Wilson y Wilson (2008), que sí cuestiona sólidas convicciones asentadas desde la obra clásica de Williams (1966) hasta las teorías sobre la selección de parentesco, el altruísmo recíproco o el gen egoísta, todas ellas favorecedoras de una metodología individualista. La selección de grupo era ya una conjetura sostenida por el mismo Darwin, que suponía que las grandes modificaciones "implican variabilidad grandísima, muy continuada, que se ha ido acumulando constantemente por selección natural para beneficio de la especie" (en El origen de las especies) y que "la selección natural actúa algunas veces sobre los animales, seguramente sociales, preservando las variaciones que son benéficas a la comunidad" (en El origen del hombre). Actualmente, se entiende que la selección natural podría actuar sobre los grupos, y no sólo sobre los genes, o los individuos, en el caso de lo que llaman "eusocialidad" y en particular en las grandes transiciones culturales de nuestra especie, cuando la competencia entre grupos provocase la evolución de un rasgo improbable (singularmente, las religiones y la moralidad basada en la reciprocidad fuerte) dentro de la competencia en el propio grupo.

Aunque quizás la peor herejía que enfrenta Darwin, y Newton de paso, sea el extraordinario caso de los pinguinos voladores: