19 may. 2008

Problemas del Homo Economicus, I. Método

Me propongo hacer una presentación informal, a la manera de borrador, y en entregas, sobre algunos problemas fundamentales del liberalismo económico, dando por supuesto que éste configura algo así como el "statu quo" de la academia y la ciencia de la economía. No está a mi alcance tratar la economía más "dura", pero siempre es posible decir algo sobre rudimentos de filosofía, epistemología o quizás antropología económica. Al fín y al cabo, todos somos economistas, y aquí no tratamos de un asunto remoto o custodio de especialistas.

Las referencias bibliográficas y documentales están discretamente distribuídas en otros lugares de esta misma bitácora. Me interesa la neuroeconomía, y la economía conductual y experimental: Herbert Gintis, Samuel Bowles, Ernst Fehr &c. También he leído con mucho interés a críticos del nuevo laborismo, como Chris Dillow, y emplearé materiales suyos en capítulos venideros. Para una introducción a la relación entre evolucionismo y economía: Michael Shermer. Este "naturalismo económico" ya está cambiando radicalmente la ciencia económica y -si se hacen esfuerzos para promover su comprensión pública- cuestionará progresivamente la empobrecedora "Batalla de ideas" entre liberales (anti-izquierdistas) y socialistas (progresistas). Confío contribuir algo a levantar sospechas sobre este presunto dilema dogmático que carece de una base científica mínimamente consistente.

Empecemos por el principio.

Método

1) A divinis. Los economistas se han ganado una justa fama de especialistas lúgubres, pero a estas alturas deberíamos desconfiar de los pronósticos oraculares y de la economía de tintes mesiánicos. Marx, uno de los mejores teóricos de la economía, predijo la extinción del capitalismo en virtud de supuestas leyes históricas, pero la sociedad comunista lleva haciéndose esperar dos siglos. Al otro lado de la trinchera, muchos partidarios de la economía de mercado predicen la eclosión de la prosperidad cuando el modo capitalista de producción domine todas las relaciones sociales en ausencia de coerción estatal. Sin embargo, las evidencias a favor de la libertad económica aún siguen siendo demasiado débiles, o por lo menos ambiguas, y continúan empíricamente discutidas. Un problema similar emerge de la división standard de las ciencias sociales en "escuelas". Mientras el pensamiento económico se divida en "escuelas" y Think Tanks orientados a su conservación y difusión más que a la persecución de la verdad, hay pocas esperanzas de alcanzar un consenso que merezca el nombre de científico.

2) Verum est factum. El "platonismo" económico ha sido dominante desde Marx hasta los neoclásicos, pasando por los praxeologos. Según esta visión standard, los "principios" económicos derivan del examen racional, capaz de alcanzar ciertas "certezas" que aspiran a expresarse según modelos procedentes de la matemática más que de la ciencia natural. Pero es muy dudoso que la economía tenga realmente una fundamentación "trascendental", sea en el orden divino preestablecido, o en algún axioma imaginario descubierto por la recta razón cartesiana. Los economistas experimentales y conductuales, sin prescindir por supuesto de las herramientas lógicas y matemáticas, están invertiendo está relación epistemológica hacia una actitud mucho más pragmática y empirista. Como consecuencia, se están revisando asunciones clásicas sobre la evolución del atruísmo y el problema de la reciprocidad fuerte, sobre el dilema del prisionero, el juego de los bienes públicos, etcétera.

3) Natura non facit saltum. Suponemos que la economía humana no es un reino emancipado del cerebro humano. La naturaleza humana constriñe, aunque no predice mecánicamente, el comportamiento económico, que es un sistema complejo adaptativo. Como cuestión de método, es imprescindible promocionar la coevolución de las teorías económicas "clásicas" y las disciplinas neuroeconómicas y experimentales.