13 may. 2008

Praxeología y ciencia

No hay duda de que Franz Boas realizó una crucial contribución a la ciencia, al probar que las disparidades entre las razas humanas no dependían de un destino biológico escrito en ningún manual uniforme de la naturaleza humana. Sin embargo, la "Escuela Boasiana", junto con otros eventos culturales, políticos y sociales del pasado siglo, determinaron un peligroso cambio de rumbo para la ciencia que terminaría desembocando en el relativismo cultural y el aislamiento de las humanidades con respecto a las demás ciencias. Dentro de este modelo Standard, el trabajo no sólo quedó dividido entre las llamadas "ciencias naturales" y las "ciencias humanas" (las "dos culturas" de Snow) sino que éstas mismas no alcanzaron nunca un consenso amplio dentro de la misma comunidad de humanistas (linguistas, antropólogos, sociólogos &c). No sólo la filosofía, tradicionalmente dividida en varias sectas y partidos enfrentados a muerte, también las disciplinas que aspiraban a adquirir el rango de ciencia, como la antropología y la economía, quedaron divididas en sectas académicas y "escuelas" que presuponían modelos irreconciliables del conocimiento humano. Al menos desde 1873, una de estas escuelas es la conocida como Escuela Austríaca, que si bien no suscribe el relativismo cultural, sí asume la distinción esencial entre ciencias naturales y humanas, leyes naturales y acción humana.

Economía trascendental

Intentando criticar las tentativas de lograr una "ciencia unificada" basada en el paradigma mecanicista de las ciencias físicas, Von Mises empezaba asumiendo la existencia de dos "reinos":
Las doctrinas epistemológicas populares de nuestro tiempo no adminte que prevalece una diferencia fundamental entre el reino de los hechos que investiga la ciencia natural y el dominio de la acción humana que está sujeto a la economía y la historia. La gente favorece la confusión de ideas sobre una "ciencia unificada" que debería estudiar el comportamiento de los seres humanos de acuerdo con los métodos que la física Newtoniana emplea en el estudio de la masa y el movimiento. Sobre la base de esta aproximación presuntamente "positiva" a los problemas de la humanidad, planean desarrollar la "ingeniería social", una nueva técnica que permitirá al "zar económico" de la sociedad planificada del futuro tratar con los hombres vivientes del mismo modo que la tecnología permite al ingeniero tratar con los materiales inanimados.

Estas doctrinas malinterpretan completamente todos los aspectos de la ciencia de la acción humana.
Mises también entiende que las regularidades descubiertas en el mundo físico, y enunciadas en forma de "leyes naturales", apenas tienen lugar en el mundo humano. De hecho, capta muy bien la contradicción entre el enfoque del físico y el del humanista, pero no acierta a articular una relación científicamente consistente (consiliente, diríamos desde Wilson) entre la economía y el resto de unas ciencias naturales que, como explicó Mayr (y ahora recuerda Kauffman), no se fundamentan realmente en el materialismo mecánico.

Mises desarrolla la praxeología como una "economía trascendental" en continuidad con la tradición cartesiana y racionalista que pretende descubrir verdades elementales de algún modo sustraídas a toda experiencia empírica o histórica. De acuerdo con el austríaco, el "axioma de la acción" es una verdad de razón que todo ser humano psíquicamente sano puede reconocer mediante la introspección, a la manera como Descartes creía descubrir la evidencia de la autoconciencia: cogito ergo sum. A partir de esta fundación aparente, Mises conjetura todo un sistema de teoremas sobre la acción humana como agente racional. En este sistema, asentado en la distinción entre conocimiento a priori (trascendental) y a posteriori (empírico) los mecanismos físicos y neurobiológicos apenas juegan papel alguno. Las leyes de la economía se sitúan en una patria de ideas distinta e independiente al mundo físico.

Economía naturalizada

En los años cincuenta del siglo pasado W.V.O. Quine argumentó que la separación entre conocimiento analítico (verdadero en función del significado) y sintético (verdadero o falso en función de los hechos) no era una genuina dicotomía. Lo que creemos sobre los fenómenos no es algo nítidamente separabe del conjunto de creencias sobre las palabras que empleamos para describir esos fenómenos. Las llamadas "necesidades conceptuales" son más bien convicciones psicológicas, políticas o sociológicamente firmes, antes que verdades fundamentales sobre la naturaleza reveladas por la razón pura. No hay verdades a priori, y la historia de la ciencia proporciona buenos ejemplos. "Verdades" que eran sostenidas como evidentes han resultado ser falsas o incompletas. Por ejemplo, que dos líneas rectas paralelas no intersectaban parecía el tipo de verdad llamada "analítica" por Kant. Pero una vez descubierta la relatividad, las líneas paralelas convergen.

Gracias al desarrollo de la economía cognitiva y experimental, y de la neuroeconomía, que persigue la consiliencia de la economía con la neurobiología, la economía trascendental (austríaca o de otro tipo) no parece ya ni teórica ni prácticamente viable. No es teóricamente plausible, al menos desde la perspectiva naturalista que favorecen las neurociencias y la psicología evolucionista. Tampoco parece prácticamente muy viable, dadas las inacabables controversias entre los economistas de escuela y el abismo que históricamente separa las discusiones académicas (con su bien ganada fama de "ciencia lúgubre") de las realidades económicas prácticas. Desconfiando de las perspectivas "trascendentales", la esperanza se centra hoy en resolver los dilemas y controversias clásicas sobre la teoría del valor, el ciclo económico o la racionalidad del Homo Economicus sobre una base empírica y experimental, no ideológica. Situados en este punto, es difícil imaginar un escenario intelectualmente más pobre y prácticamente más funesto que el de una "batalla de ideas" que separe derecha e izquierda, liberales y socialistas, conservadores y progresistas...

En definitiva, no es posible "revisar" la praxeología o adaptarla realmente a los tiempos. No hace falta ser un experto económico (una clase sobreexpuesta a errores comunes, por otra parte) para apercibirse de que el tipo de epistemología cartesiana, a priori y racionalista defendida por los austríacos es, sencillamente, inconsistente con la evolución práctica de las ciencias y de la mejor epistemología, al menos después de Quine. Contemplada desde la neurofilosofía, desde la neuroeconomía, y en general desde la epistemología naturalizada, la praxeología presenta una constitución teórica algo más que defectuosa.