26 abr. 2008

"Ninguna confesión tendrá carácter estatal", Artículo 16, Punto 3

Lo escribe hoy mismo Luis Alfonso Gámez:
Como humanista, jamás impediré que cada uno profese la fe que quiera, sea en Dios, en Alá, en Zeus o en otra divinidad, pero sí exijo que ese derecho privado no conlleve un gasto público ni una sumisión de los poderes públicos a una creencia. Y eso es lo que parece que no quiere entender Rodríguez Zapatero o, si lo entiende, no es lo suficientemente valiente como para llevarlo a la práctica, para empezar, sacando la religión de la escuela pública y, para seguir, rompiendo el acuerdo que da privilegios inexplicables a una teocracia, el Vaticano, donde ni hay democracia, ni libertad religiosa, ni la mujer tiene los mismos derechos que el hombre... La libertad religiosa obliga al Estado a garantizar que cada ciudadano pueda creer en lo que quiera y practicar su fe con libertad, y eso incluye que quien no cree no se vea sometido a las creencias de otros y que un Gobierno laico no tenga que iniciar su andadura bajo el signo de la cruz.
Mientras tanto, los herederos del nacional-catolicismo hablan estos días de "nacional-laicismo". Esperpento nacional. Nacional-esperpentismo.

ACTUALIZACIÓN: Atendiendo a la continuación de esta misma cita constitucional (16.3), en Menéame, se solicita la presencia igualitaria en los comités de ética de ulemas, rabinos, monjes budistas, sanadores cuánticos y pastafaris.