26 feb. 2008

Peter Bowler en Bilbao

La fundación BBVA organiza estos días un espléndido ciclo de conferencias en Bilbao sobre Darwin y Wallace. Hoy le ha tocado abrir el ciclo a Peter Bowler, director de la Sociedad Británica de Historia de la Ciencia, y autor de varios libros sobre evolución y darwinismo.

Bowler ha ofrecido una charla sencilla y elegante, repasando las diferencias y similitudes más sobresalientes entre los codescubridores de la evolución biológica. Entre las similitudes destaca que tanto Darwin como Wallace construyeran su teoría de la evolución por selección natural partiendo de los indicios procedentes de la biogeografía, que estudia la distribución de las plantas y los animales. Además, ambos habían recibido la influencia de la economía política, concretamente a través de la ley de la población de Malthus. Pero también les separaban importantes diferencias, tanto teóricas como metodológicas.

Inicialmente, Darwin estudió la selección artificial de animales y plantas como modelo de la selección natural, mientras que Wallace no lo consideraba un modelo adecuado. También discrepaban sobre el papel que jugaba la selección sexual. Pero tal vez la distinción más importante entre ambos proviene de su posición social dipar. Darwin procedía de una clase acomodada, gracias a la que pudo disponer de tiempo y abundantes recursos para realizar su trabajo experimental y teórico. Por contra, Wallace estuvo obligado a combinar el naturalismo con la búsqueda de sustento. Wallace era lo que en la época no se dudaría en llamar un "radical", un socialista. Creía que la tierra debía nacionalizarse y que las diferencias de riqueza entre los individuos debían ser eliminadas. De este modo, la selección natural podría volver a actuar en la especie, ya que -suponía- los matrimonios no se convendrían en función de la clase social.

Otra diferencia sobresaliente radica en su concepción de la religión y la espiritualidad. Darwin era materialista, probablemente agnóstico o ateo, mientras que Wallace -pese a cuestionar su educación cristiana- era mucho más religioso. Aunque era un seleccionsta extremo que consideraba a la selección natural la única fuerza física de la evolución -a diferencia de Darwin- Wallace consideraba que las cualidades espirituales más altas del ser humano no eran fruto de la selección, sino de intervenciones divinas.

Las ideas espiritualistas de Wallace (que también coqueteó con el espiritismo), aunque "reprimidas" por la comunidad científica sobre todo tras el triunfo del neodarwinismo, continúan en cierto modo vivas en los creacionistas modernos, especialmente en los ponentes del Diseño Inteligente que aceptan sólo de modo parcial el papel de la selección natural. Curiosamente, las mismas ideas también sobreviven entre los científicos sociales que -al considerar la "cultura" un órgano significativamente emancipado de la naturaleza humana paleolítica- rechazan que el enfoque evolucionista pueda explicar las preferencias culturales modernas. Lo que podríamos llamar la falacia de Wallace, la idea de que las cualidades espirituales no son adaptaciones debidas a la selección natural, sino a otros principios emancipados del mundo físico y natural, continúa siendo un prejuico arraigado, sobre todo fuera de la biología.