30 ago. 2007

El "anarquismo" de Paul Feyerabend

Leo en Políticamente incorrecto una entrada bastante elogiosa con el filósofo de la ciencia Paul Feyerabend:
(...) Por un lado, Feyerabend desarrolla un estudio de la ciencia que conduce al rechazo de todo el método científico y de todos los criterios inductivos y de falsación admitidos comunmente como firma de calidad de la producción científica en la búsqueda de la Verdad. En régimen de monopolio, tal como la Ciencia se arroga a si misma. Ese rechazo lo lleva a cabo basándose en sólidos y sorprendentes argumentaciones.
Un elogio que me cuesta algo entender, como le señalo al autor, procediendo de un sitio consagrado a descubrir nada menos que las "imposturas intelectuales" de la posmodernidad. Precisamente en Imposturas intelectuales (el título en inglés es aún más estimulante: Tonterías a la moda), el indispensable ensayo de Alan Sokal y Jean Bricmont, encontramos un capítulo crítico con este filósofo nacido en Austria:
Su relativismo metodológico es tan radical que, tomado literalmente, se autorrefuta. Sin un mínimo de método -racional-, es imposible aportar siquiera una 'precisión meramente histórica de los hechos. (Íb. Pág 93).
En efecto, no se trata de que todo el contenido de Contra el método sea despreciable, porque su crítica del "logicismo" es realmente viable en ciertos tramos, sino de que su "anarquismo epistemológico" le impide reconstruir una imagen positiva de la ciencia, obviando o minusvalorando el importante "problema de la demarcación", para decirlo a la manera de Popper, que permite distinguir la ciencia de lo que es pseudociencia o un simulacro de ciencia. Significativamente, Feyerabend considera una ilusión la idea de que los hechos científicos puedan experimentarse como algo independiente "de la opinión y del trasfondo cultural". Y es aquí, en mi opinión, donde radica la debilidad del planteamiento "anarquista": porque la independencia de las variaciones subjetivas y de las distintas tradiciones es la condición de posibilidad misma de la ciencia, en sentido moderno. La ciencia como tal no puede ser el "monopolio de la verdad", ni tampoco la "búsqueda de la verdad" (como aseguraba el propio Popper), sino verdad en buena medida ya encontrada, desbordando toda área de influencia cultural, y contra la que no puede fingirse escepticismo (me refiero al escepticismo extremo, como forma de nihilismo). Existe una restricción a cualquier nueva hipótesis que constituye ese límite objetivo del "todo vale", como suele recordar Richard Dawkins: la mente no puede "abrirse" tanto como para que el cerebro termine deslizándose por el hueco...

Si los magufos leyeran textos de cierto empaque, probablemente escogerían a Feyerabend como una de sus referencias doctrinales. Su idea de que "El único principio que no inhibe el progreso es: todo sirve" junto con su lucha contra el "régimen de monopolio" científico y los "racionalistas amaestrados" lo convierten (conviene no engañarse en esto) en una excelente excusa para legitimar las "hipótesis" más peregrinas: desde la sindonología al "Diseño inteligente". Al fín y al cabo, parece que el "austríaco" soñaba con que la magia compartiera algún día las aulas de la Academia junto con la física o la astronomía...

Finalmente, y para evitar el entusiasmo precipitado de los anarcocapitalistas a la moda, es necesario precisar que el anarquismo de Feyerabend se movía en un plano exclusivamente gnoseológico: "El anarquismo, que tal vez no constituye la filosofía política más atractiva, es sin embaro una medicina excelente para la epistemología y para la filosofía de la ciencia." De hecho, Feyerabend reprochaba a los anarquistas políticos (Kropotkin) de modo explícito por aceptar "todos los rígidos criterios que científicos y lógicos imponen a la investigación".

(1924-1994)