1 ago. 2007

Cómo vivir noventa años

Viví un cierto tiempo con una actriz mayor, extremadamente talentosa. Se burlaba de mi teoría de la limpieza y sostenía que el teatro es mierda, cachondez, furia y cabronadas. Decía: "Lo único aburrido contigo, Ingmar Bergman, es tu pasión por lo sano. Debes abandonar esa pasión, es falsa y sospechosa, establece límites que no te atreves a franquear. Tú, igual que el Doctor Faustus de Thomas Mann, tendrías que buscarte tu puta sifilítica".

Tal vez tuviera razón; tal vez fuera simplemente la romántica palabrería que seguía tras las huellas del arte pop y el mundo subterraneo de la droga. No sé, sólo sé que la hermosa y genial actriz perdió la memoria y los dientes y murió a los cincuenta años en un manicomio. Eso fué lo que le proporcionó su desenfreno.

- Ingmar Bergman, La linterna mágica