5 jul. 2007

Nota sobre evolución, desarrollo y progreso

Richard Dawkins iniciaba su más famosa obra, El gen egoísta, especulando sobre la probable pregunta que unos hipóteticos visitantes de otros mundos se formularían al conocer por primera vez nuestro planeta: ¿Habrán descubierto ya la evolución?

Sin embargo, la "evolución" descubierta, aunque no del todo "justificada" (para decirlo al modo de Reichenbach) por Darwin en el mundo orgánico era ya un concepto bastante corriente en el mundo cultural. En más de un sentido importante, puede afirmarse que (el descubrimiento de) la "evolución cultural" precedió a la "evolución biológica" (Cf. Friedrich Hayek, La fatal arrogancia o Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica). Una objeción complementaria a la opinión de Dawkins procede también del hecho de que la evolución biológica darwiniana no responde a la pregunta (metafísica, ontológica) por la "existencia" del mundo, sino a la pregunta por cómo han llegado a desarrollarse y evolucionar los seres vivos, en un sentido sub y trans-espefícico. En principio, incluso la misma pregunta por el origen de la vida está excluída del alcance de la teoría de la evolución biológica (aunque quizás no tanto de la evolución química o "cosmológica").

Junto con el término "evolución" (Capítulo VII de El origen de las especies), Darwin empleó también, entre otras expresiones, los términos "desarrollo" y "transformación". Como es sabido, "Evolución", a partir del entomólogo holandés Swammerdam (1637-1680), era habitualmente utilizado para designar el estudio de la embriología, y sólo a partir de Darwin comienzan a distinguirse lentamente desarrollo y evolución.

Gustavo Bueno (Cf. Diccionario filosófico de Pelayo García Sierra, La evolución y sus límites) ha mantenido la tesis de que la idea de "evolución" procede, como "desarrollo", de la experiencia técnica de desplegar los papiros. Por el contrario, la idea de "progreso" o scala naturae mantendría un curso independiente, relacionado con un dispositivo técnico bastante distinto: las escaleras ya conocidas por las sociedades ágrafas.

"Progreso" y "Evolución" no son sinónimos, mientras que "Desarrollo" y "Evolución" pertenecen a la misma familia histórico-etimológica. Es por esto que tiene pleno sentido el enfoque Evo-Devo, pero no tanto una especulativa "evolución progresista" (¿Evo-Pro?).

A pesar de que la "victoria de la ciencias naturales", por decirlo con Leo Strauss, propinó el coup de grâce definitivo contra el teleologismo, finalismo o "progresismo" natural aristotélico, esto no significa, sin embargo, que la idea de "progreso" haya desaparecido completamente del horizonte de la ciencia moderna. El mismo Darwin estuvo forzado a admitir que la naturaleza presentaba un cierto orden en el que los organismos quedaban alineados según jerarquías y grados de complejidad superior:
Aún cuando no tenemos ninguna prueba de que exista en los seres orgánicos una tendencia innata hacia el desarrollo progresivo, sin embargo, esto se sigue necesariamente, como he procurado demostrar en el capítulo 4, de la acción continua de la selección natural, pues la mejor definición que se ha dado de un tipo superior de organización es el grado en que los órganos se han especializado o diferenciado, y la selección natural tiende hacia este fin en cuanto que los órganos son de este modo capaces de realizar sus funciones más eficazmente.
Obsérvese también con cuidado el empleo típicamente darwiniano del lenguaje procedente de la economía política (competencia por la supervivencia, división del trabajo, especialización de funciones &c) para explicar como tienen lugar los procesos biológicos.

Ante todo a partir de la teoría sintética, es posible distinguir con más claridad evolución de simple cambio, de transformación (que implica reversibilidad) y de progreso, aún cuando se reconoce el hecho de la complejidad. Por ejemplo, al analizar el "progreso" de complejidad en la célula eucariota y la diferenciación celular en los organismos pluricelulares, en los minuciosos órganos de los sentidos en los vertebrados, en la evolución del cerebro humano, etcétera.

Lo que ocurre es que estos sucesos "superiores" son relativamente raros en comparación a otras "evoluciones" mucho más ubicuas en la naturaleza, incluyendo "degeneraciones estructurales" que son admitidas como el producto de alteraciones entre la población y el ambiente (razas ciegas de animales cavernícolas, parásitos "degenerados" como pulgas o piojos, etc - Cf. Francisco Ayala, Estructura genética de las poblaciones en el volumen Evolución, Omega, 1993).

La biología evolutiva, en suma, reconoce cierto carácter teleológico en la evolución de los seres vivos, si bien lo hace en un sentido que no deja margen alguno para una "intención trascendental", a la manera de la quinta vía tomista, o bien de las "modernas" especulaciones sobre el Diseño Inteligente y la "complejidad irreductible". Puede hablarse, según esto, de una teleología natural indeterminada (Íb. Ayala), que no implica ni un diseño consciente ni un fín específico de la evolución natural considerada como un todo.

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Procede de una pregunta de Evolutionibus.