13 jul. 2007

David Sloan Wilson: El meme maligno

Hasta la fecha, una buena parte de las críticas dirigidas contra los llamados "nuevos ateos" habían caído en dos categorías genéricas. En primer lugar, las personas y comunidades religiosas que reprochaban instintivamente el mero tratamiento "crítico" de la religión. En segundo lugar, quienes se oponían a los nuevos enfoques evolucionistas desde prejuicios gremiales: en particular aquellos teólogos, "humanistas", filósofos o historiadores que veían en peligro su hegemonía académica...Conspicuamente, Terry Eagleton (profesor de "teoría cultural" en Manchester) basaba sus críticas contra The god delusion en la ignorancia que Richard Dawkins había demostrado sobre la "teoría de la gracia" de Rahner o las "reflexiones sobre la esperanza" de Moltmann... La verdad es que yo mismo estudié algo de estos finos teólogos en la facultad, y debo añadir que me enorgullezco de haberlos olvidado completamente.

David Sloan Wilson, autor de una excelente síntesis sobre el estudio evolucionista de la religión, es una notable excepción, sin embargo. Como es sabido, Wilson es uno de los principales impulsores de la selección natural de grupo, un enfoque que había recibido críticas muy duras precisamente por parte de George C. Williams (Adaptation and natural selection, 1966) y Richard Dawkins (The selfish gene, 1976). Así, los "efectos medios" (average effects) descubiertos por la teoría genética de poblaciones, quedaron transformados en el "egoísmo de los genes"; y los cuerpos individuales en "máquinas de supervivencia". En algún sentido, puede decirse que Williams puso la ciencia, y Dawkins las metáforas -¡que no es poco, por cierto!

Wilson considera que tanto la "era del grupalismo naïve" como la "era del individualismo", apuntalada en la década de los setenta y ochenta por Williams y Dawkins, está tocando a su fín. El mismo Darwin, como recuerda Wilson, fué el primero en insinuar la selección de grupo como parte de la selección natural, y ni siquiera la idea del "egoísmo genético" o la idea de que los genes constituyen las unidades básicas de la selección, constituyen dificultades decisivas en contra de la selección grupal. Semejante hipótesis no sólo podría ser significativa en muchas especies, sino incluso dominante en ciertos aspectos de la evolución humana. Las "grandes transiciones" en la historia evolutiva podrian tener lugar, no sólo por medio de mutaciones pequeñas y graduales, sino reuniendo las especies en macro-organismos más complejos y más integrados: "una gran transición ocurre cuando la selección dentro de los grupos se suprime, haciendo difícil que los elementos egoístas evolucionen a expensas de los demás miembros de sus grupos". La transmisión horizontal de los memes, favoreciendo la cooperación o la lucha de grupos, permitiría una gran aceleración de los cambios sociales, comparados con la transmisión mucho más lenta del material genético en las "poblaciones mendelianas". Aunque la vida en el planeta no puede estudiarse desde el punto de vista de la "colmena humana", la idea de una transmisión memética a través de los grupos merece considerarse seriamente.

Wilson propone estudiar la religión como una "evolución compleja": ¿Se trata de una adaptación genuina, un producto secundario (byproduct) de otra adaptación, o un rasgo neutral de la evolución? ¿De qué manera la religión favorece la cooperación y competencia de los grupos? ¿Funciona realmente la hipótesis de la "mariposa exhalante"? ¿Son válidas las explicaciones "mutualistas" o "parasitarias"? Si la religión es un meme maligno, parafraseando a Descartes, ¿cómo podríamos, al menos, salvar sus efectos más deletéreos? Independientemente de cuál sea la hipótesis o el conjunto de hipótesis correcto, deberían evitarse tanto el mutualismo como el parasitismo extremo. Y junto al principio de prudencia, cabe también criticar el estudio aislado de la religión, como si las variadas creencias sobre lo sagrado no formaran parte de una función "darwiniana" de supervivencia mucho más compleja y, desde luego, como si la religión misma pudiera considerarse un concepto formalmente unívoco: no hay una religión, sino muchas.

Sin perjuicio de otras diferencias de opinión, ni Dawkins ni Wilson suscriben versiones mutualistas o parasitarias fuertes -por mucho que el de Oxford haya hecho una defensa más apasionada del ateísmo público- y ambos reconocen que "romper el conjuro" y despejar el "miedo a la razón" son pasos necesarios en cualquier dirección que decida tomarse.

For the good of the Group?