13 jun. 2007

Tres santos modernos

Saints should always be presumed guilty until proved innocent.

- George Orwell

Aprendí a desconfiar de las vidas ejemplares leyendo Las confesiones, donde el santo de Hipona mostraba mucho más arrepentimiento por el robo de unas peras que por la situación de abandono en la que terminó dejando a su concubina. Sé que el hurto de unas simples piezas de fruta puede ser considerado un crimen horrendo en tiempos de escasez, pero ni siquiera la edad oscura justificaba tanta metafísica y ampulosa contricción, en contraste con la indiferencia que Agustín demostraba por su prójima. De no ser porque afortunadamente no tenía nada que perder, habría perdido la fe más tarde, leyendo las hagiografías de Francisco Javier e Ignacio de Loyola, dos relatos sobre santos hispanos llenos de ambición desmesurada, fanatismo, superstición y morbidez.

En el siglo XX el aura de santidad popular y mediática ha afectado especialmente a tres personajes: Mahatma Gandhi, el Dalai Lama y la Madre Teresa. Pongo estos tres ejemplos porque se trata de "santidades" reconocidas tanto a izquierda como a derecha, crédulamente admitidas por todas las clases y confesiones, y reverenciadas incluso por personas irreligiosas. Los tres son excelentes ejemplos, sin embargo, para verificar de qué forma implacable el pensamiento mágico y religioso desincentiva la búsqueda de la verdad e incentiva la mentira, recompensa la veneración ciega y castiga la crítica, se complace en la fantasía mientras impone un velo sobre la realidad.

Mahatma Gandhi

Si alguien está buscando un icono humano para la "paz" seguramente lo encontrará en Mohandās Karamchand Gandhī (1869-1948), pontífice de la no violencia y del espiritualismo político indio. Para oponerse al "imperialismo" británico, Gandhi logró construir la imagen perfecta del indio educado en Londres que nunca se desprendió de sus raíces tradicionales. Incluso en el Imperio, todas las clases recibieron al santón con respeto y reverencia, sin percatarse de lo que se les venía encima.

Pese a que la imagen popular, irremediablemente falsificada por la impronta de la santidad, asegura que Gandhi representa el ejemplo de la "resistencia pacífica", su oposición fanática al Imperio terminó desencadenando un conflicto cruento con más de 6 millones de desplazados y alrededor de 2 millones de muertos. Ante la escabechina, el propio Gandhi declaró: "Este episodio no tiene análogo en la historia del mundo, y me induce a inclinar la cabeza avergonzado".

Gandhi no era un sabio oriental, sino un chalado extravagante (Paul Johnson dixit) seguido siempre por una comitiva espectacular preocupada por mantener la imagen de pureza y misticismo ("Se necesita mucho dinero para mantener pobre a Gandhi"). Su promoción de los telares tradicionales (charkas) opuestos a la producción industrial no demostraba ninguna sabiduría económica y habrían escandalizado al padre de la economía moderna, Adam Smith:
Constituye norma de conducta de todo cabeza de familia prudente no intentar nunca hacer en asa lo que comprado resultaría más económico. El sastre no pretende hacer sus propios zapatos. El zapatero no trata de confeccionar sus propios trajes, sino que los adquiere del sastre. El agricultor no intenta hacer lo uno ni lo otro, sino que utiliza los servicios de ambos artesanos. Todos estiman preferible dedicarse por completo a la actividad en que poseen alguna ventaja sobre sus vecinos y con una parte de su producto, o, o lo que es igual, con el precio obtenido, comprar cualquier cosa que necesiten. Lo que se considera norma prudente de conducta en las familias, difícilmente puede ser calificado de locura en el gobierno de un gran reino.
Como "padre" de la nación india, Gandhi sólo habría conseguido arruinar a su progenie. Y de hecho, esto es lo que sucedió en parte cuando el país optó por el socialismo indio, al estilo de Nehru, y por las doctrinas del nacionalismo económico.

Dalai Lama

Símbolo de la rebeldía anticomunista china y del misticismo de las estrellas, Tenzin Gyatso es hoy una de las santidades reconocidas de facto en el mundo. Su personalidad es crédulamente venerada por muchos occidentales desencantados con las religiones del libro, mientras que su activismo político es aplaudido por los "liberales" alineados contra el poder emergente del Imperio del centro.

Sin embargo, la distancia entre la realidad y las idealizaciones románticas es también enorme. El Dalai Lama no es un sabio oriental amante de la ciencia y de la paz, sino una especie de canalla sonriente en "Kasaya", representante de una de las teocracias más fanáticas y ultraconservadoras de Asia. Antes del gobierno chino, Tíbet era una teocracia asfixiante donde los lamas (el "panchen" y el "dalai") también detentaban el poder temporal e imponían un régimen de tabúes que mantenía al pueblo en una situación pre-medieval. Mientras que la población de monjes excedía la mitad del total, las prohibiciones religiosas y las supersticiones budistas imponían frenos irreparables a la economía regional. De haber seguido las normas religiosas que prescribían el vegetarianismo obligatorio, la carne y la grasa de Yak no hubieran salvado la vida de muchas generaciones de tibetanos. La simple rueda, sin ir más lejos, era un dispositivo técnico prohibido por su condición de "mandala" sagrado, y no fué utilizada por los tibetanos antes de la invasión china.

Desde su exilio dorado en Dharamsala (India), lugar al que huyó cobardemente tras la invasión china de 1959, el santón continúa proyectando sombras siempre que puede sobre la huída de la edad media en el Tíbet. Lo último que conocimos fué su oposición a la llegada del ferrocaril a ciudades tibetanas, temeroso de que esta nueva vía abierta de comunicación terminara por desintegrar la identidad cultural y religiosa de la región.

Madre Teresa

Incluso por encima de los anteriores ejemplos asiáticos, aunque desarrollando su trabajo también en ese continente, la Madre Teresa (Agnes Gonxha Bojaxhiu) irradia como ninguna otra personalidad moderna el casi indiscutible aura de la santidad. El entusiasmo mediático generado tras su muerte alcanzó tal intensidad como para que el anterior Papa llegase a proponer su beatificación express, en 1997, paso previo de la santificación. Una premura por la santidad que se completó con medidas notablemente extravagantes y excepcionales, como la abolición del advocatus diaboli, institución utilizada por la Iglesia desde el siglo XVI.

La beata era en realidad una monja ultrareaccionaria que mostró toda su vida una firme oposicion a toda tentativa de reforma y modernización, empezando por su inmovilismo fanático durante el Concilio Vativano II, incluso dentro de los cánones católicos.

En su discurso tras recibir el premio Nobel de la Paz, MT destacó por su condena al aborto como "el más grande destructor de la paz". Una posición algo paradójica, teniendo en cuenta que la albanesa había sobresalido también por rechazar apasionadamente los métodos de contracepción. Ante el referendum irlandés de 1996, Madre Teresa defendió ardientemente que no se retirara la prohibición legislativa sobre el divorcio. Sin embargo, el mismo año esta dulce y escueta monja se felicitó por el divorcio de su amiga Diana (uno de los más repulsivos personajes jamás creados por el showbiz).

Madre Teresa, como valientemente escribía Christopher Hitchens, no era una amiga de los pobres, sino de la pobreza. El sufrimiento y la pobreza, en continuidad con las doctrinas tradicionalmente "pobristas" del cristianismo, eran considerados "regalos" de Dios. Contra todas las letanías del whisful thinking religioso, las "misioneras de la caridad" consagraron su vida a evitar el único modo de evitar la pobreza, es decir, el empoderamiento de una mujer oprimida por la cultura religiosa hindú y su emancipación de una vida dedicada a la reproducción compulsiva.

Mother Teresa también era amiga de los peores ricos, como la familia Duvalier de Haiti o el activista antipornográfico y defraudador financiero (una típica combinación del "homo religiosus") Charles Keating, que llegó a donar más de un millón de dólares a MT en los años ochenta. ¿A donde fueron a parar los millones donados por tantos filántropos occidentales? No a su clínica india. El primitivo hospicio de Calcuta permaneció siempre en estado de deshecho, hasta el día de su muerte. El dinero recibido fué a parar a la fundación de más de 500 conventos en todo el mundo, todos ellos llevando su nombre. Y, ¿Dónde creen que Madre Teresa acudía cuando se encontraba enferma? ¿Calcuta? No, las clínicas de California.

Mr. Hitchens: "Mucha más gente es pobre y enferma a causa de la obra de Madre Teresa. Muchos más serán pobres y enfermos si se continúa su ejemplo."