29 jun. 2007

La necesidad de razón

Se ven pueblos cuya primera educación ha sido tan viciada y cuyo carácter presenta tan extraña mezcla de pasiones, de ignorancia y de erróneas nociones sobre todo, que por sí mismos no serían capaces de discernir la causa de sus desgracias; tales pueblos sucumben a males que ignoran.

- Alexis de Tocqueville

La incidencia del síndrome llamado por los antropólogos médicos "Kuru" ("enfermedad de la risa" o "temblar de miedo", en lenguaje autóctono) entre los indios fore al sur de Nueva Guinea está documentada al menos desde inicios del siglo XX. El Kuru alcanzó grados de epidemia en las décadas de los cincuenta y sesenta, cuando más de 1000 nativos (de una población de 8000) fallecieron a causa del síndrome. Aunque la enfermedad es habitualmente clasificada entre los "síndromes de filicación cultural" lo cierto es que su componente biomédico ha sido identificado dentro de las enfermedades producidas por priones, y concretamente dentro de las encefalopatías espongiformes transmisibles (el mismo organismo que origina el mal de las "vacas locas").

Por supuesto, los fore no caían víctimas de una misteriosa "brujería Kuru", sino a causa del consumo de cerebros humanos, o bien por el contacto ritual con los cadáveres, prácticas que en cualquier caso permitirían la transmisión de tejido infeccioso en los humanos. Por mucho que se discrepe en torno a la realidad o mito del canibalismo, lo cierto también es que la prohibición del consumo de carne humana por las autoridades australianas logró erradicar la epidemia.

Como los indios kore, todas las sociedades humanas están expuestas a la amenaza de desaparecer. Sin embargo, un rasgo importante que permite distinguir entre grados de riesgo y civilización, es el conocimiento disponible, más o menos defectuoso pero razonable, sobre las causas del malestar. Las sociedades menos ilustradas se extinguen simplemente sin haber sospechado nada sobre el motivo que precipitó su caída, como advertía Tocqueville. Contra la hipótesis NOMA, no pocas veces las explicaciones mágicas y consideradas "sagradas" entorpecen la solución del diagnóstico, y sólo una progresiva apropiación de la razón logra enderezar la cura.

Donde quiera que se encuentre el problema, no es en la razón. Al contrario, convertir a la razón en el problema puede llegar a ser nuestro "Kuru" particular.