30 abr. 2007

Turquía

Si en noviembre del año pasado asistimos a la resolución de la crisis de Ratisbona con una sedante visita del monarca romano a Turquía, ahora son otros turcos, estos secularistas, los que toman las calles (unos 700.000) para protestar en una clave muy diferente a la "ira santa" conocida. Los manifestantes, según informaba BBC, están preocupados con los compromisos islamistas que ha tomado el candidato del partido gobernante, Abdullah Gul. Esta respuesta en las calles, además, frente al carácter levantisco del ejército turco, está respaldada también por hombres de negocios alarmados ante la posibilidad de que la islamificación del régimen produzca una merma en la prosperidad del país -y dañe las posibilidades para incorporar Turquía a la Unión Europea. La asociación empresarial TUSIAD, que ya se había significado por su oposición a los ataques islamistas de 2003, reafirma ahora la necesidad de "preservar los inseparables principios de la democracia y el secularismo".
En las actuales circunstancias, casi nadie puede dudar ya del irreparable naufragio de la estrategia religiosa crítica contra el "laicismo", pero inusualmente tolerante con la "espiritualidad política" islámica. Trabajos como el del Padre jesuita Thomas Michel, que comentaban en Noticias de Eurabia, no pueden considerarse anecdóticos o circunstanciales. Por el contrario, los capítulos de ésta agenda basada en el "diálogo religioso" y en el fantasmagórico "ecumenismo" estaban ya escritos en el discurso de Ratisbona, pensado en esencia no tanto para reprochar el fundamentalismo de los musulmanes (el Papa añadió más tarde en Estambul que "La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso" y otros elogios sin cuento a la Umma), cuanto que para criticar la increencia occidental y la "falta de respeto por lo sagrado" en las democracias liberales.
Roma, mucho antes que Zapatero, apoya la estratégica Alianza de civilizaciones (unidos frente al "secularismo" y el naturalismo) y tan sólo debería comenzar a preocuparse cuando pierda el monopolio de la idea. La coincidencia de muchos religiosos "moderados" e izquierdistas indefinidos en su oposición al estado nacional, el liberalismo y el "fundamentalismo ilustrado" (que otros llamarían "ciencismo ateo") deja prácticamente en un segundo plano ulteriores ocasiones para el desacuerdo.